XI
URBANIZACIONES
Las urbanizaciones son un continuo cruce de caminos
Los mensajeros aparcan los coches en las cunetas
Sólo quieren tu alma, no tienes elección
Adormecer el sufrimiento
en las urbanizaciones con riesgo de abandono
A veces adopta la forma de un perro
A veces es una brisa
A veces se revuelca entre los rayos del sol
Éramos nómadas en la periferia
No teníamos entradas ni salidas
Éramos los hijos predilectos del sol
Éramos unos muchachos
demasiado hermosos y demasiado ingenuos
abrazados a la desesperación
Sabíamos que nadie nos quería
nos revolcábamos entre la brisa
nos balanceábamos sobre los rayos del sol
Moríamos en accidentes de tráfico
o después de un viaje aciago
o alzando la mano contra nosotros mismos
Algunos resucitábamos
porque los dioses sólo quieren para sí
a los muchachos solitarios y hermosos
que no son queridos y que ya no se balancean
y no pueden ser bendecidos por el sol
A veces adopta la forma de un perro
A veces es una brisa
A veces es una disculpa del sol
Y las muchachas crucificadas
contra las tapias del cementerio
o en las traseras de un coche,
aquellas muchachas hermosas
como rielantes lunas de enero,
aquellas muchachas moribundas y hermosas
que olían a hidrocarburo y a rosas,
aquellas muchachas hermosas,
tréboles de cinco hojas
que en las frías noches de invierno
-aquellas muchachas hermosas-
eran las radiantes hijas del sol
Un cielo festoneado de dragones y pegasos
un cielo de cigüeñas y milanos y nubes de color
eran nuestros cuerpos retorciéndose de dolor
Nuestros amigos muertos nos visitan
porque la muerte no existe y siempre
son muchachos hermosos que nos hablan
como aquellos muchachos hermosos
que no paraban de reír y de hablar
y ahora son remansos en las aguas del olvido
y el recuerdo de lo que no han vivido
y seguirán siendo hermosos, la luz del día,
la luz de nuestra vida y de nuestro dolor
Dragones y pegasos mejoran el cielo
porque la muerte no existe
porque eran hermosos y continúan vivos
Se pueblan de amapolas y salamanquesas
las urbanizaciones que nunca hemos visto.
Se elevan las ramas últimas de los olivos
después de la lluvia y el ojear del sol.
A veces adopta la forma de un perro
A veces es una brisa
A veces te sientes el único hijo del sol
Porque soñábamos, porque enganchados
a las palabras y a la risa y a los días felices,
porque enganchados a la desesperación
Porque llevamos en nuestros cuerpos
las marcas de una tristeza infinita
Las alas heridas de la caída
Y este frío que aún siento en mis manos
Las almas heridas de la resurrección
A veces era una brisa tristísima por los olivos
A veces era una brisa
Yo sólo escribo poemas de amor

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