Fernando Nombela
jueves, 8 de octubre de 2026
miércoles, 7 de octubre de 2026
El sueño del Minotauro
Camino despacio, al principio evito a las personas que
vienen de frente, me retiro al fondo de la acera pegándome a las paredes de las
casas. Pero el milagro ha ocurrido. Nadie huye de mí, nadie grita horrorizado
por haber visto a un monstruo, los niños no se esconden detrás de sus madres,
las ancianas no se santiguan, los hombres no desenfundan sus espadas. Camino por
la calle. Hay luz. No he visto tanta luz desde que nací. Una mujer, sin querer,
se choca conmigo. Temo que empiece a gritar. Se da la vuelta, me mira muy de
cerca…, no me conoce…, no grita…, sonríe…, y me pide perdón. Nadie me había
pedido perdón hasta ahora.
Veo bancos en los que hay gente sentada. Yo también me
siento. Solo. Veo lo que hace la gente y hago lo mismo.
Están sentados y miran a la gente.
Estoy sentado y miro a la gente.
Luego empieza a anochecer. Oigo a un niño pequeño decirle a
su padre: papá, vamos a casa, que está oscuro. Las palabras oscuro y casa son la única cosa preocupante en todo el sueño hasta ahora. La
oscuridad siempre ha sido mi hogar. Por primera vez tengo miedo de haberme
perdido, al fin y al cabo, vengo de un laberinto. Y cuanto más crece mi miedo,
más voy menguando yo. Un hombre alto se inclina sobre mí, me levanta con su
mano enorme (veo que no lleva espada) y me pregunta si me he perdido y si sé
dónde está mi casa. Me quedo callado. Y dónde está mamá, pregunta el hombre, ¿me
dices adónde ha ido mamá? No debió hacerme esa pregunta. Siento cómo mi
mandíbula se alarga, mi cráneo se vuelve pesado y duro, pero no quiero hacerle
daño. Por suerte, el sueño está llegando a su fin, porque la situación se torna
del todo desesperada. Este es el momento en el que los sueños se rompen.
Me desperté en la oscuridad de mi hogar habitual. Ese fue mi sueño más feliz. Un día con gente a la que no maté, que no me mató, que ni siquiera se fijó en mí. No pasó nada malo entre ellos y yo. Supongo que la gente no sueña estás cosas. En sus sueños, deambulan por laberintos oscuros y luchan contra minotauros.
(Gueorgui Gospodínov. Física
de la tristeza. Traducción de María Vútuva. Madrid. Impedimenta, 2026)
Yo somos.
Yo fuimos.
viernes, 2 de octubre de 2026
Sé
Sé respetuoso, guarda un cierto decoro, nunca seas rácano en
el amor.
No avasalles, no insistas, no desconfíes; nunca pierdas la ternura.
Sé respetuoso. Deja que la curiosidad ilumine tu vida. Deja que tu vida se ilumine por pura curiosidad.
jueves, 1 de octubre de 2026
miércoles, 30 de septiembre de 2026
El enigma Dylan
Nadie sabe cuántas canciones ha
compuesto Dylan, pero tampoco podemos estar muy seguros de los libros que se
han escrito sobre él. Una bibliografía especializada –Come Writers And Critics. The Bob Dylan Papers Site- ha podido
contabilizar un total de 1.910 libros de temática dylaniana: 943 escritos en
inglés y 967 en otras lenguas. De esos 1.910 libros, 23 eran biografías de
Dylan. Algunos de esos biógrafos entrevistaron a los padres de Dylan y a sus
amigos y a algunas de sus amantes y a personas que habían trabajado con él o
que habían tenido una clase de relación con él. La información que hay recogida
en esas biografías es apabullante, hasta el punto que podría decirse que se
sabe casi todo sobre la vida de Dylan, semana a semana, o incluso día a día.
Se sabe, por ejemplo, cómo se
llamaba la tienda de electrodomésticos que el padre de Dylan tenía en Hibbing,
el pueblo minero de Minnesota donde pasó su infancia y su juventud (Zimmerman
Furniture and Electric). Y se sabe cómo se llamaban las primeras bandas que
Dylan (todavía Bobby Zimmerman) tuvo en Hibbing en 1957, cuando aún no había
cumplido los diecisiete años y aporreaba el piano a lo Little Richard (eran The
Shadow Blasters y luego The Golden Chords). Y se sabe que un fan de Dylan
compró por ochenta mil dólares la casa de dos plantas en la que Dylan vivió sus
primeros seis años: una casa situada en la parte alta de Duluth, en las riberas
del lago Superior, en esa gélida y ventosa región de Minnesota que a él le
gustaba llamar el Río de Hielo.
Y también se sabe en qué coche
llegó haciendo autostop a Nueva York en enero de 1961 (un Impala del 57). Y se
sabe que su llegada coincidió con una gran nevada que sepultó la ciudad bajo la
nieve. […] Y hasta se sabe cómo se llamaba el tipo que le gritó “¡Judas!”, el 7
de mayo de 1966, en el famoso concierto del Free Trade Hall de Manchester que
pasó a la historia por ese grito rabioso contra el Dylan que lucía una
Telecaster en el escenario: el tipo se llamaba Keith Burler y murió en 2002, en
Toronto, a los cincuenta y seis años, después de haber pasado toda su vida como
un oscuro empleado de banca.
Y podríamos seguir y seguir. […]
Se sabe cómo se llamaba el perro que Dylan tenía en Woodstock cuando grababa
con The Band las canciones de The
Basement Tapes (se llamaba Hamlet). […] Se sabe que […], en el invierno del
76, Dylan tuvo una aventura con una trapecista a la que había contratado para
que le enseñara a caminar sobre la cuerda floja. Y por cierto –nos
preguntamos-, ¿hacía falta que una chica le enseñara a Bob Dylan a caminar
sobre la cuerda floja? ¿Ha vivido alguna vez Dylan haciendo algo que no sea
caminar sobre la cuerda floja?
Al final, nada de lo que se ha
escrito sobre Dylan nos sirve de mucho. Como Homero, como Shakespeare, como
Emily Dickinson, como Emily Brönte, como John Ford, Dylan será siempre un
enigma. Su música es tan vasta, tan poderosa como América, y el hombre que hay
detrás, el ser humano que la ha creado, es una mota de polvo perdida en una vía
de tren. Por mucho que le busquemos nunca daremos con él. […]
Cualquiera que haya intentado
captar el misterio de Dylan sabe que Dylan es una criatura tan inalcanzable
como Moby Dick: quien quiera atraparlo, quien quiera comprenderlo, quien quiera
saber lo que ha querido decir a lo largo de su larguísima carrera, acabará
sepultado en el fondo del mar. Eso le pasó a Robert Shelton, el crítico del New York Times que descubrió a Dylan en
1961 y que se empeñó en escribir una biografía definitiva, No Direction Home, que le llevó veinte años y que prácticamente lo
volvió loco. Persiguiendo a Dylan, Shelton fue a entrevistar a sus padres en
Hibbing, en 1968, y luego empezó a analizar al milímetro todas sus letras, y
luego se fue distanciando de sus amigos, y se apartó de su mujer, y se arruinó,
y empezó a beber más de la cuenta, y se peleó con sus editores porque su
biografía era tan larga que resultaba impublicable y al final tuvo que irse a
vivir a Inglaterra, donde acabó escribiendo críticas de cine para un modesto periódico
de Brighton. Sí, perseguir a Dylan es perseguir a Moby Dick. Pero cuidado:
Dylan no es solo la ballena blanca, sino que también es el capitán Ahab y el
grumete Ismael y el arponero Queequeg y el primer oficial Starbuck, y por
supuesto, también es Herman Melville contando la historia del ballenero Pequod en una granja de Massachutets. Y además,
Dylan es también cualquiera de nosotros cuando escuchamos sus canciones. Dylan,
como el número cero, está en todas partes y no está en ninguna.
(Eduardo Jordá. Número cero. Bob Dylan: retrato de un hombre
invisible. Barcelona, Libros del Asteroide, 2026)
La energía total del universo es exactamente cero.
STEPHEN HAWKING, Historia del tiempo
lunes, 28 de septiembre de 2026
miércoles, 23 de septiembre de 2026
lunes, 21 de septiembre de 2026
sábado, 19 de septiembre de 2026
El hombre que pudo reinar
JOHN MILIUS
I
Jakob se volvió hacia Francis y le dijo, una y otra vez:
“Francis, ahora todo depende de ti; eres el único”. Como si Coppola, el último hombre
en pie, hubiera heredado la obligación histórica del Nuevo Hollywood: convertir
en obra de arte del cine el acontecimiento histórico clave de su generación.
Como no era típico de él lavarse las manos y quedarse al margen de la historia,
Francis abrazó de buen grado sus destino; al fin y al cabo, si no lo hacía él,
¿quién iba a hacerlo? Él les había enseñado el camino; toda su carrera sólo
había sido un preámbulo a este proyecto, que, en efecto, combinaba sus dotes de
showman, productor y artista. Con
todo, era una carga muy pesada. Francis la asumió, […] nunca volvió a ser el
mismo. […]
II
El padrino dio en
un punto neurálgico cultural. Cada cual la interpretó a su manera, lo cual,
como los expertos en marketing no tardaron en darse cuenta, es condición sine qua non para conseguir un éxito de
taquilla o un best-seller. Por un lado,
en gran medida era una película de los sesenta. Estrenada justo antes del
Watergate, la brillante primera escena en la que la maciza cabeza de Brando
emerge poco a poco de la oscuridad mientras la cámara retrocede despacio y
Bonasera, el panadero, le pide al Padrino que vengue a su hija violada, sienta
la premisa de que el sueño americano ha fracasado, de que el crisol cultural es
una ilusión, de que los pobres están atrapados en el escalón más bajo de un
sistema injusto. La mafia hace lo que el Gobierno no hace: justicia simple y
una versión del bienestar para las clases bajas, un sistema de valores propio
del Viejo Mundo que amortigua el choque del capitalismo. Igual que Bonnie y Clyde y Easy Ryder (En busca de mi destino), El padrino era una crítica a
los valores de la generación del padre. Coppola comparó a Corleone con Nixon:
comenzó como un idealista, distanciándose de la “Familia”, y terminó abrazando
sus valores y copiándolos. […]
III
Había realizado el sueño de todos los directores jóvenes: un
éxito espectacular en un género establecido mientras se las ingeniaba para
mantener su personal manera de hacer cine y, lo que es más, combinando ambas
cosas en su arriesgada continuación de El
padrino. Es justo decir que no hay otra figura, ni siquiera Welles en su
momento más grandioso, ni Spielberg en la cumbre de su carrera, que recibiese
los elogios que llovieron sobre Coppola. Ni las desmesuradas fantasías del niño
poliomielítico podían igualar lo alcanzado en la realidad. Coppola ya tenía
treinta y cinco años; el movimiento juvenil ya había alcanzado la mayoría de
edad. […]
IV
Coppola no volvió a hacer una sola película comparable a las obras maestras de los setenta. Una vez dijo que el hombre que hizo los Padrinos había muerto en la jungla, y tal vez tenía razón. Dice el productor Al Ruddy, que observaba la carrera del director a distancia después de la pelea que habían tenido por El padrino: “Antes de El padrino, no era nadie. Después fue uno de los directores más importantes del mundo. Nadie está preparado para un viaje tan pesado. Estaba muy obsesionado con ser un hombre como Charlie Bluhdorn. Perdió parte de su foco de atención, y fue otro ejemplo de director destrozado por creerse que vivía en una película”. […]
(Peter Biskind. Moteros tranquilos, toros salvajes. La generación que cambió Hollywood. Traducción de Daniel Najmías. Barcelona, Anagrama, 2025)
V
Padre y yo os echaremos de menos en el cielo.
(En una carta a sus hijos la madre de Paul y Leonard Schrader)
jueves, 17 de septiembre de 2026
Frammento del Canto V dell'Inferno di Dante recitato da Vittorio Gassman
arrebató a esa bella persona que me fue robada
de un modo que aún me aflige.
Amor, que no perdona a quien de vuelta no ama,
me llevó a un sentir tan intenso
que como ven no me abandona.
Amor nos condujo a una muerte sola.
Caína espera a quien nuestra vida apagó.”
De ellos estas palabras nos fueron entregadas.
Cuando escuché aquellas almas dolientes,
incliné el rostro, manteniéndolo abajo,
hasta que el poeta me dijo: “¿En qué piensas?”
Cuando pude, repliqué: “¡Dios mío, cuán
dulces pensamientos, cuánto deseo
los condujo hasta el doloroso paso!”
Entonces me dirigí a ellos y empecé:
“Francesca, me causan tanta tristeza y piedad
tus martirios que de mis ojos brotan lágrimas.
Pero dime: al momento de esos dulces suspiros,
¿cómo fue que el amor te concedió conocer
aquellos deseos tan inciertos?”
Y ella a mí: “No hay mayor dolor
que recordar los tiempos felices
en la miseria; y eso lo sabe tu maestro.
Pero si tanto deseas conocer
la primera raíz de nuestro amor,
lo diré como quien llora y habla.
Leíamos, un día, por deleite
del amor que sometió a Lancelot;
estábamos solos y sin sospecha alguna.
En cuanto la lectura unía nuestros ojos,
palidecían nuestras caras; pero fue
un instante sólo el que nos venció.
En cuanto leímos el gran amante
besar la tan deseada sonrisa, éste,
que de mí jamás se ha separado,
temblando me besó la boca. Culpable
el libro y Galahad quien lo escribió:
desde aquel día no pudimos leer más.”
Mientras que el ánima esto decía,
el otro con tanta pena lloraba
que me abandonaron los sentidos,
y caí como un cuerpo muerto cae.
miércoles, 16 de septiembre de 2026
Las motillas
Las motillas suelen ser circulares y a menudo discurren en
torno a un pozo ubicado en el patio central de la construcción. Acostumbraban a
estar en llanuras aluviales, en zonas de baja salinidad, cerca de ríos y en
puntos en los que la capa freática queda lo bastante cerca como para poder
alcanzarla a mano con técnicas y herramientas de hace más de cuatro mil años. Se
instalaron en lugares que no siempre estuvieron secos. No se sabe si sus
artífices habían visto los últimos charcos antes de que desapareciesen, o si
conocían la técnica que otros ya empleaban entonces y que el ingeniero Marco
Vitruvio extendió casi tres mil años después para encontrar donde construir un
pozo: tumbarse en el suelo al amanecer, pegar la mejilla a la tierra y esperar
a que saliera una neblina. Más o menos en ese tiempo es cuando se cree que el
ser humano descubrió algo que sabe también el escarabajo del desierto de
Namibia: que puede conseguir agua allí donde hay niebla. O quizá, simplemente,
se guiaron por la presencia de algunas plantas que, como sabían nuestros
antepasados desde tiempos inmemoriales, podían indicar que debajo había agua. Nunca
sabremos cuál de estos conocimientos arcaicos les dio la clave para instalarse
en unos lugares y no en otros, pero para los primeros pastores las lagunas de
Ruidera habían sido un oasis. A diferencia de otros puntos de La Mancha, ahí el
agua solía ser constante, y por eso proliferaron allí las motillas mucho antes
del encantamiento del que fueron víctimas en el sueño que tuvo don Quijote en
la cueva de Montesinos. Un sueño que, además, aporta una metáfora que remite a
un hecho que tuvo lugar en tiempos prehistóricos: las lagunas secuestradas.
Los yacimientos se encuentran especialmente concentrados en
las zonas de drenaje natural en superficie del acuífero 23, como son las Tablas
de Daimiel, los Ojos del Guadiana, las lagunas de Ruidera y los cursos de
algunos ríos. Esas construcciones se extendieron sobre todo por la actual
Ciudad Real y también por Albacete, y se han encontrado algunas en Toledo y
Cuenca, aunque allí su presencia es testimonial. La mayor concentración se da
en la Mancha Occidental I, sobre cinco masas de agua subterránea en la cuenca
hidrográfica del Guadiana y parte del Júcar. Sólo en el entorno de las Tablas
de Daimiel se han encontrado ya ocho de las cuarenta y cinco que han aparecido
hasta la fecha.
Eran más que pozos; allí se enterraban, alrededor del agua,
algunos muertos, a menudo con vasos y otros elementos del ajuar. Coexistieron con
las morras (poblaciones en altura), silos y centros ceremoniales. De estos
últimos, y hasta que viera la luz recientemente Bocapucheros, sólo había
pruebas de uno que ya nos resulta familiar: Castillejo del Bonete, que se
encontraba entre dos motillas, conectando él solo con el inframundo y la vida
con la muerte.
(Virginia Mendoza. La sed.
Una historia antropológica (y personal) de la vida en tierras de lluvia escasa.
Barcelona, Debate/ Penguin Random House, 2024, páginas 130-131)
No es posible, señor mío, sino que estas yerbas den
testimonio de que por aquí cerca debe de estar alguna fuente o arroyo que
humedece y así será bien que vayamos un poco más adelante, que ya toparemos
donde podamos mitigar esta terrible sed que nos fatiga, que sin duda causa
mayor pena que la hambre.
SANCHO PANZA (El
ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, cap. XX)
jueves, 10 de septiembre de 2026
Cuando se ha perdido todo
(Viktor Frankl. El
hombre en busca de sentido. Traducción de Christine Kopplhuber y Gabriel
Insausti Herrero. Edición y prólogo de José Benigno Freire. Barcelona, Herder, 2004)
lunes, 7 de septiembre de 2026
sábado, 5 de septiembre de 2026
Canción de las simples cosas by La Valenti
Que el amor es simple
y a las cosas simples las devora el tiempo.
martes, 1 de septiembre de 2026
martes, 25 de agosto de 2026
sábado, 22 de agosto de 2026
Idilio by Willie Colon
y que el idilio perdure siempre al llegar la noche.
Y cuando venga la aurora llena de goce
se fundan en una sola tu alma y la mía.
jueves, 20 de agosto de 2026
lunes, 17 de agosto de 2026
He vivido
sus equivocaciones, sus olvidos, su
torpeza incesante y recuerdo su
misterio brutal, y el tentáculo
suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies
frenéticos de huida.
He vivido su tentación, y he vivido el pecado
del que nadie cabe nunca nos absuelva.
(Leopoldo María Panero.
Last river together.
Madrid, Ayuso, 1980)






