viernes, 17 de abril de 2026

jueves, 9 de abril de 2026

La Pili

¿Mi grado de paciencia? Pues muy alto, pero hay días que por lo que sea, pues no. Ayer sin ir más lejos me pasó algo la mar de raro: quise que hubiera muchas muertes. Bueno, no sé si son muchas: entre 20 y 23; la inexactitud se debe a que dos compañeros estaban de baja y otro se había cogido un moscoso (luego me salieron las cuentas). Apuntarme al gimnasio después de Navidades me vino fenomenal. Joder, Pili, putos brazacos, eso me decía a mí misma mientras les daba con el hacha. Era como cortar gorrinos. Juro por Dios que se lo tenían merecido. Qué putos brazacos, y qué puto abdomen, y qué putos glúteos; estoy que lo parto. Benditas sean las mancuerdas. Joder, como si fueran pura mantequilla. Pa´lante, Pili, tú siempre pa´lante. Eso es lo que yo me digo. Por lo demás, pues bien, qué quieres que te diga.

(Fernando Nombela. Gente con la que me cruzo por la calle un día sí y otro tampoco. Imagen: Calle Doña Teresa Enríquez, Torrijos, Toledo)

lunes, 6 de abril de 2026

Lunes de Pascua

Pasear durante una hora deseando ver amanecer.

Desayunar café con leche y unas tostadas con mermelada

de melocotón y arándanos, mientras contemplo el amanecer.

Echar cuenta de los meses que llevo sin fumarme un cigarrillo.

Soñar que soy un fumador de opio en el Londres de 1900 y que

puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Pasarme horas releyendo 2666 de Roberto Bolaño

y redescubrir a un narrador absolutamente prodigioso.

Estrenar una pluma que me regalaron hace mil años

–antes de ayer compré cartuchos de tinta- y en un papelico

que andaba por ahí escribir “Te quiero” y firmar como Fernando.

Unos spaguetti al pomodoro que me han recordado a La Mancha.

Ver otra vez Toro salvaje de Scorsese y quedarme noqueado.

La versión que Julian Lage hace de la canción I´II Be Seeing You

que Billie Holiday hizo suya, y que he escuchado tantas veces.

Pensar que Billie Holiday podría haber sido el amor de mi vida.

(Daría mi vida entera por haber podido estrechar su mano;

necesitaría otra vida entera para poder mirarle a los ojos).

Asearme, afeitarme, perfumarme, trajearme, limarme las uñas:

esta tarde voy a comerme la última naranja de la temporada.

Bajar la basura y coincidir y conversar con una vecina.

Cenar pan con tomate y con jamón del bueno y con aceite de oliva.

Meterme en la cama, arroparme, apagar la luz, tener miedo,

sentirme solo, y de pronto darme cuenta de que mis piernas

y los dedos de mis pies se mueven como cuando era un niño.

Ver los ojos rebosantes de bondad y de ternura de mi abuelo José.

Contarme un cuento. Jugar con las palabras. Morirme de risa.

Llegar a la conclusión irrefutable y extrañamente hermosa

de que el mundo y la vida y yo mismo somos una pura tontería.

(Fotografía de Hannes Caspar)

I'll Be Seeing You by Billie Holiday

I'll Be Seeing You by Julian Lage

miércoles, 1 de abril de 2026

Cristo en la cruz

Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.

Los tres maderos son de igual altura.

Cristo no está en el medio. Es el tercero.

La negra barba pende sobre el pecho.

El rostro no es el rostro de las láminas.

Es áspero y judío. No lo veo

y seguiré buscándolo hasta el día

último de mis pasos por la tierra.

El hombre quebrantado sufre y calla.

La corona de espinas lo lastima.

No lo alcanza la befa de la plebe

que ha visto su agonía tantas veces.

La suya o la de otro. Da lo mismo.

Cristo en la cruz. Desordenadamente

piensa en el reino que tal vez lo espera,

piensa en una mujer que no fue suya.

No le está dado ver la teología,

la indescifrable Trinidad, los gnósticos,

las catedrales, la navaja de Occam,

la púrpura, la mitra, la liturgia,

la conversión de Guthrum por la espada,

la Inquisición, la sangre de los mártires;

las atroces Cruzadas, Juana de Arco,

el Vaticano que bendice ejércitos.

Sabe que no es un dios y que es un hombre

que muere con el día. No le importa.

Le importa el duro hierro de los clavos.

No es un romano. No es un griego. Gime.

Nos ha dejado espléndidas metáforas

y una doctrina del perdón que puede

anular el pasado. (Esa sentencia

la escribió un irlandés en una cárcel.)

El alma busca el fin, apresurada.

Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto.

Anda una mosca por la carne quieta.

¿De qué puede servirme que aquel hombre

haya sufrido, si yo sufro ahora?

(Jorge Luis Borges. Los conjurados. Madrid, Alianza Editorial, 1985. Imagen: “Cristo crucificado”, o “Cristo de San Plácido”, de Diego Velázquez, hacia 1632, Museo del Prado)

¿DE QUÉ PUEDE SERVIRME QUE AQUEL HOMBRE

HAYA SUFRIDO, SI YO SUFRO AHORA?

La notte by Angelica Bove (cover di Arisa)

 

martes, 31 de marzo de 2026

La madre del hijo del carpintero

La madre del hijo del carpintero

sufre como sólo puede sufrir

una madre que ve morir a su hijo.

El dolor de una madre que ve a su hijo morir

es un dolor que nadie ha de tocar ni podrá sentir;

inconsolable e inmaculado, es un dolor infinito.

El dolor de la madre que ha visto a su hijo morir

está muy por encima de las leyes que rigen el universo.

El dolor de una madre que ha visto a su hijo morir

no es ni estará ni está ni será nunca de este mundo.

La madre del hijo del carpintero

sufre como sólo puede sufrir

una madre que ve morir a su hijo.

(FN)

(Imagen de Gaza)

domingo, 29 de marzo de 2026

El hijo del carpintero

El hijo del carpintero

sabe que no hay vida sin amor

y que no hay verbo sin herida.

El hijo del carpintero sabe

que no estamos condenados al abismo

ni seremos arrojados a soberanías.

El hijo del carpintero sabe que las manos

se llenan de agua para aliviarnos la sed;

que somos la tierra que pisamos y el aire

que respiramos y la luz del mediodía.

El hijo del carpintero sabe que somos el fuego 

que funda y confunde nuestros sentidos.

El hijo del carpintero sabe que nuestro amor

no conocerá la muerte ni caerá en el olvido.

jueves, 26 de marzo de 2026

El viajero ensimismado (V)

XI

URBANIZACIONES


Las urbanizaciones son un continuo cruce de caminos

Los mensajeros aparcan los coches en las cunetas

Sólo quieren tu alma, no tienes elección


Adormecer el sufrimiento

en las urbanizaciones con riesgo de abandono


A veces adopta la forma de un perro

A veces es una brisa

A veces se revuelca entre los rayos del sol


Éramos nómadas en la periferia

No teníamos entradas ni salidas

Éramos los hijos predilectos del sol


Éramos unos muchachos

demasiado hermosos y demasiado ingenuos

abrazados a la desesperación


Sabíamos que nadie nos quería

nos revolcábamos entre la brisa

nos balanceábamos sobre los rayos del sol


Moríamos en accidentes de tráfico

o después de un viaje aciago

o alzando la mano contra nosotros mismos


Algunos resucitábamos

porque los dioses sólo quieren para sí

a los muchachos solitarios y hermosos

que no son queridos y que ya no se balancean

y no pueden ser bendecidos por el sol


A veces adopta la forma de un perro

A veces es una brisa

A veces es una disculpa del sol


Y las muchachas crucificadas

contra las tapias del cementerio

o en las traseras de un coche,

aquellas muchachas hermosas

como rielantes lunas de enero,

aquellas muchachas moribundas y hermosas

que olían a hidrocarburo y a rosas,

aquellas muchachas hermosas,

tréboles de cinco hojas

que en las frías noches de invierno

-aquellas muchachas hermosas-

eran las radiantes hijas del sol


Un cielo festoneado de dragones y pegasos

un cielo de cigüeñas y milanos y nubes de color

eran nuestros cuerpos retorciéndose de dolor


Nuestros amigos muertos nos visitan

porque la muerte no existe y siempre

son muchachos hermosos que nos hablan

como aquellos muchachos hermosos

que no paraban de reír y de hablar

y ahora son remansos en las aguas del olvido

y el recuerdo de lo que no han vivido

y seguirán siendo hermosos, la luz del día,

la luz de nuestra vida y de nuestro dolor


Dragones y pegasos mejoran el cielo

porque la muerte no existe

porque eran hermosos y continúan vivos


Se pueblan de amapolas y salamanquesas

las urbanizaciones que nunca hemos visto.


Se elevan las ramas últimas de los olivos

después de la lluvia y el ojear del sol.


A veces adopta la forma de un perro

A veces es una brisa

A veces te sientes el único hijo del sol


Porque soñábamos, porque enganchados

a las palabras y a la risa y a los días felices,

porque enganchados a la desesperación


Porque llevamos en nuestros cuerpos

las marcas de una tristeza infinita


Las alas heridas de la caída


Y este frío que aún siento en mis manos


Las almas heridas de la resurrección


A veces era una brisa tristísima por los olivos


A veces era una brisa


Yo sólo escribo poemas de amor