jueves, 17 de septiembre de 2026

Frammento del Canto V dell'Inferno di Dante recitato da Vittorio Gassman


“Amor, que en el corazón noble se enciende,

arrebató a esa bella persona que me fue robada

de un modo que aún me aflige.

Amor, que no perdona a quien de vuelta no ama,

me llevó a un sentir tan intenso

que como ven no me abandona.

Amor nos condujo a una muerte sola.

Caína espera a quien nuestra vida apagó.”

De ellos estas palabras nos fueron entregadas.

Cuando escuché aquellas almas dolientes,

incliné el rostro, manteniéndolo abajo,

hasta que el poeta me dijo: “¿En qué piensas?”

Cuando pude, repliqué: “¡Dios mío, cuán

dulces pensamientos, cuánto deseo

los condujo hasta el doloroso paso!”

Entonces me dirigí a ellos y empecé:

“Francesca, me causan tanta tristeza y piedad

tus martirios que de mis ojos brotan lágrimas.

Pero dime: al momento de esos dulces suspiros,

¿cómo fue que el amor te concedió conocer

aquellos deseos tan inciertos?”

Y ella a mí: “No hay mayor dolor

que recordar los tiempos felices

en la miseria; y eso lo sabe tu maestro.

Pero si tanto deseas conocer

la primera raíz de nuestro amor,

lo diré como quien llora y habla.

Leíamos, un día, por deleite

del amor que sometió a Lancelot;

estábamos solos y sin sospecha alguna.

En cuanto la lectura unía nuestros ojos,

palidecían nuestras caras; pero fue

un instante sólo el que nos venció.

En cuanto leímos el gran amante

besar la tan deseada sonrisa, éste,

que de mí jamás se ha separado,

temblando me besó la boca. Culpable

el libro y Galahad quien lo escribió:

desde aquel día no pudimos leer más.”

Mientras que el ánima esto decía,

el otro con tanta pena lloraba

que me abandonaron los sentidos,

y caí como un cuerpo muerto cae.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Encuentro

Las motillas

(Un libro imprescindible)

Las motillas suelen ser circulares y a menudo discurren en torno a un pozo ubicado en el patio central de la construcción. Acostumbraban a estar en llanuras aluviales, en zonas de baja salinidad, cerca de ríos y en puntos en los que la capa freática queda lo bastante cerca como para poder alcanzarla a mano con técnicas y herramientas de hace más de cuatro mil años. Se instalaron en lugares que no siempre estuvieron secos. No se sabe si sus artífices habían visto los últimos charcos antes de que desapareciesen, o si conocían la técnica que otros ya empleaban entonces y que el ingeniero Marco Vitruvio extendió casi tres mil años después para encontrar donde construir un pozo: tumbarse en el suelo al amanecer, pegar la mejilla a la tierra y esperar a que saliera una neblina. Más o menos en ese tiempo es cuando se cree que el ser humano descubrió algo que sabe también el escarabajo del desierto de Namibia: que puede conseguir agua allí donde hay niebla. O quizá, simplemente, se guiaron por la presencia de algunas plantas que, como sabían nuestros antepasados desde tiempos inmemoriales, podían indicar que debajo había agua. Nunca sabremos cuál de estos conocimientos arcaicos les dio la clave para instalarse en unos lugares y no en otros, pero para los primeros pastores las lagunas de Ruidera habían sido un oasis. A diferencia de otros puntos de La Mancha, ahí el agua solía ser constante, y por eso proliferaron allí las motillas mucho antes del encantamiento del que fueron víctimas en el sueño que tuvo don Quijote en la cueva de Montesinos. Un sueño que, además, aporta una metáfora que remite a un hecho que tuvo lugar en tiempos prehistóricos: las lagunas secuestradas.

Los yacimientos se encuentran especialmente concentrados en las zonas de drenaje natural en superficie del acuífero 23, como son las Tablas de Daimiel, los Ojos del Guadiana, las lagunas de Ruidera y los cursos de algunos ríos. Esas construcciones se extendieron sobre todo por la actual Ciudad Real y también por Albacete, y se han encontrado algunas en Toledo y Cuenca, aunque allí su presencia es testimonial. La mayor concentración se da en la Mancha Occidental I, sobre cinco masas de agua subterránea en la cuenca hidrográfica del Guadiana y parte del Júcar. Sólo en el entorno de las Tablas de Daimiel se han encontrado ya ocho de las cuarenta y cinco que han aparecido hasta la fecha.

Eran más que pozos; allí se enterraban, alrededor del agua, algunos muertos, a menudo con vasos y otros elementos del ajuar. Coexistieron con las morras (poblaciones en altura), silos y centros ceremoniales. De estos últimos, y hasta que viera la luz recientemente Bocapucheros, sólo había pruebas de uno que ya nos resulta familiar: Castillejo del Bonete, que se encontraba entre dos motillas, conectando el solo con el inframundo y la vida con la muerte.

(Virginia Mendoza. La sed. Una historia antropológica (y personal) de la vida en tierras de lluvia escasa. Barcelona, Debate/ Penguin Random House, 2024, páginas 130-131)

No es posible, señor mío, sino que estas yerbas den testimonio de que por aquí cerca debe de estar alguna fuente o arroyo que humedece y así será bien que vayamos un poco más adelante, que ya toparemos donde podamos mitigar esta terrible sed que nos fatiga, que sin duda causa mayor pena que la hambre.

SANCHO PANZA (El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, cap. XX)

jueves, 10 de septiembre de 2026

Cuando se ha perdido todo

Durante kilómetros caminábamos a trompicones, resbalando en el hielo y sosteniéndonos continuamente el uno al otro, sin decir palabra alguna, pero mi compañero y yo sabíamos que ambos pensábamos en nuestras mujeres. De vez en cuando levantaba la vista al cielo, y contemplaba el diluirse de las estrellas al tiempo que el primer albor rosáceo de la mañana se dejaba ver tras una oscura franja de nubes. Pero mi mente se aferraba a la imagen de mi esposa, imaginándola con una asombrosa precisión. Me respondía, me sonreía y me miraba con su mirada cálida y franca. Real o irreal, su mirada hacía más que el sol del amanecer. En ese estado de embriaguez nostálgica se cruzó por mi mente un pensamiento que me petrificó, pues por primera vez comprendí la sólida verdad dispersa en las canciones de tantos poetas o proclamada en la brillante sabiduría de los pensadores y de los filósofos: el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre. Entonces percibí en toda su hondura el significado del mayor secreto que la poesía, el pensamiento y las creencias humanas intentan comunicarnos: la salvación del hombre sólo es posible en el amor y a través del amor.

(Viktor Frankl. El hombre en busca de sentido. Traducción de Christine Kopplhuber y Gabriel Insausti Herrero. Edición y prólogo de José Benigno Freire. Barcelona, Herder, 2004)

sábado, 22 de agosto de 2026

Idilio by Willie Colon

Que a besos yo te levante al rayar el día

y que el idilio perdure siempre al llegar la noche.

Y cuando venga la aurora llena de goce

se fundan en una sola tu alma y la mía.

lunes, 17 de agosto de 2026

He vivido

He vivido los blancos de la vida,

sus equivocaciones, sus olvidos, su

torpeza incesante y recuerdo su

misterio brutal, y el tentáculo

suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies

frenéticos de huida.

He vivido su tentación, y he vivido el pecado

del que nadie cabe nunca nos absuelva.

(Leopoldo María Panero. 

Last river together. 

Madrid, Ayuso, 1980)

jueves, 13 de agosto de 2026

La visión de Teoclímeno

“¡Ah míseros! ¿Qué mal es ése que padecéis? Noche obscura os envuelve la cabeza, y el rostro, y abajo las rodillas; crecen los gemidos; báñanse en lágrimas las mejillas; y así los muros como los hermosos intercolumnios aparecen rociados de sangre. Llenan el vestíbulo y el patio las sombras de los que descienden al tenebroso Érebo; el sol desapareció del cielo y una horrible obscuridad se extiende por doquier.”

En tales términos les habló; y todos rieron dulcemente. Entonces Eurímaco, hijo de Pólibo, comenzó a decirles:

“Está loco ese huésped venido de país extraño. Ea, jóvenes, llevadle ahora mismo a la puerta y váyase al ágora, ya que aquí le parece que es de noche.”

Contestóle Teoclímeno, semejante a un dios: «¡Eurímaco! No pido que me acompañen. Tengo ojos, orejas y pies, y en mi pecho la razón que está sin menoscabo: con su auxilio me iré afuera, porque comprendo que viene sobre vosotros la desgracia, de la cual no podréis huir ni libraros ninguno de los pretendientes que en el palacio del divinal Ulises insultáis a los hombres, maquinando inicuas acciones.”

(Homero, Odisea, XX, 351-375. Versión directa y literal del griego de Luis Segalá y Estalella. Barcelona, Montaner y Simón Editores, 1910. Imagen: Plaza de España de Torrijos, Toledo; 12 de agosto y 2026)

sábado, 25 de julio de 2026

Cielo de ceniza

El cielo, ceniciento, encenizado.

Mi boca se llena de pavesas.

Y este olor a papeles chamuscados.

Se está muriendo mi infancia.

Tan sólo dame la mano.