Una vez más emerjo de la noche.
Una vez más estoy sobreviviendo
a soles oscuros y aguas profundas.
Una vez más de la noche más fría.
Una vez más lo he perdido todo
salvo este extraño amor por la vida.
(FN)
Una vez más emerjo de la noche.
Una vez más estoy sobreviviendo
a soles oscuros y aguas profundas.
Una vez más de la noche más fría.
Una vez más lo he perdido todo
salvo este extraño amor por la vida.
(FN)
afirma que entre los centroeuropeos
ha descendido la práctica del sexo oral.
Menos mal que somos medio católicos
y medio africanos (por así decirlo).
Permíteme que me arrodille ante ti,
y, por el amor de Dios, abre tus piernas,
porque me estoy muriendo de sed.
(FN)
Vámonos a los campos donde los españoles morían.
Vámonos a los campos del sur de Francia.
Vámonos a los campos con vinos y quesos
y fouad con denominación de origen.
Vámonos a los campos donde los españoles
morían de hambre y desesperación.
Vámonos a los campos floridos de la Ilustración.
Vámonos con nuestros abuelos y bisabuelos,
en este día tan soleado, por quienes aún mal vivimos.
Vámonos a los campos donde la noche siempre acierta.
Vámonos a los campos de nuestras vidas.
Vámonos a los campos de la desolación.
No quiero saber nada de ti.
No quiero saber cómo eres.
No quiero saber tu edad
ni el color de tu pelo
ni ese tic únicamente tuyo
que seguramente tienes.
No quiero saber nada de ti.
No quiero saber cómo eres,
no quiero saber de tus ojos
ni del tamaño de tu sonrisa
ni de cómo me mirarías
si algún día pudieras verme.
No quiero saber nada de ti.
No quiero saber cómo eres,
no quiero saber la cara que pones
cuando te enfadas,
ni tu cara desenfadada,
ni la manera en que caminas;
no quiero que me veas llorar ni reír.
No quiero saber nada de ti.
No quiero saber cómo eres,
no quiero saber dónde vives
ni quiero vivir en tus sueños,
no quiero saber si eres feliz.
No quiero saber nada de ti.
No quiero saber cómo eres,
no quiero saber cómo duermes
ni cuál es tu lado de la cama
ni si te gusta que te abracen
cuando las noches te hieren,
cuando la noche se tambalea.
No quiero saber nada de ti.
No quiero saber cómo eres,
ni cuáles son tus platos favoritos
ni tus recuerdos de infancia,
ni la primera vez que te enamoraste.
(Sí quiero que sepas que cocino muy bien).
No quiero saber nada de ti.
No quiero saber cómo eres,
no quiero saber en qué piensas,
no quiero saber cómo te sientes,
no quiero saber otra cosa.
No quiero saber cómo eres.
No quiero saber nada de ti.
(FN)
una mano herida, si es posible.
Yo no quiero más que una mano,
aunque pase mil noches sin lecho.
Sería un pálido lirio de cal,
sería una paloma amarrada a mi corazón,
sería el guardián que en la noche de mi tránsito
prohibiera en absoluto la entrada a la luna.
Yo no quiero más que esa mano
para los diarios aceites y la sábana blanca de mi agonía.
Yo no quiero más que esa mano
para tener un ala de mi muerte.
Lo demás todo pasa.
Rubor sin nombre ya, astro perpetuo.
Lo demás es lo otro; viento triste,
mientras las hojas huyen en bandadas.
(Federico García Lorca. “Diván del Tamarit, [Llanto
por Ignacio Sánchez Mejías, Sonetos”]. Edición, introducción y notas de
Mario Hernández, Alianza Editorial, 1989)