miércoles, 7 de octubre de 2026

El sueño del Minotauro

Sueño que soy hermoso. No exactamente hermoso, sino indistinguible. Como los demás. Eso es ser hermoso, ser como los demás. Mi cabeza es ligera. Mis ojos están en la parte delantera de mi cara. Tengo una nariz en vez de fosas nasales. Tengo piel humana, fina piel humana. Camino por la calle y nadie se fija en mí. Eso es la felicidad, que nadie se fije en ti. Es un sueño feliz.

Camino despacio, al principio evito a las personas que vienen de frente, me retiro al fondo de la acera pegándome a las paredes de las casas. Pero el milagro ha ocurrido. Nadie huye de mí, nadie grita horrorizado por haber visto a un monstruo, los niños no se esconden detrás de sus madres, las ancianas no se santiguan, los hombres no desenfundan sus espadas. Camino por la calle. Hay luz. No he visto tanta luz desde que nací. Una mujer, sin querer, se choca conmigo. Temo que empiece a gritar. Se da la vuelta, me mira muy de cerca…, no me conoce…, no grita…, sonríe…, y me pide perdón. Nadie me había pedido perdón hasta ahora.

Veo bancos en los que hay gente sentada. Yo también me siento. Solo. Veo lo que hace la gente y hago lo mismo.

Están sentados y miran a la gente.

Estoy sentado y miro a la gente.

Luego empieza a anochecer. Oigo a un niño pequeño decirle a su padre: papá, vamos a casa, que está oscuro. Las palabras oscuro y casa son la única cosa preocupante en todo el sueño hasta ahora. La oscuridad siempre ha sido mi hogar. Por primera vez tengo miedo de haberme perdido, al fin y al cabo, vengo de un laberinto. Y cuanto más crece mi miedo, más voy menguando yo. Un hombre alto se inclina sobre mí, me levanta con su mano enorme (veo que no lleva espada) y me pregunta si me he perdido y si sé dónde está mi casa. Me quedo callado. Y dónde está mamá, pregunta el hombre, ¿me dices adónde ha ido mamá? No debió hacerme esa pregunta. Siento cómo mi mandíbula se alarga, mi cráneo se vuelve pesado y duro, pero no quiero hacerle daño. Por suerte, el sueño está llegando a su fin, porque la situación se torna del todo desesperada. Este es el momento en el que los sueños se rompen.

Me desperté en la oscuridad de mi hogar habitual. Ese fue mi sueño más feliz. Un día con gente a la que no maté, que no me mató, que ni siquiera se fijó en mí. No pasó nada malo entre ellos y yo. Supongo que la gente no sueña estás cosas. En sus sueños, deambulan por laberintos oscuros y luchan contra minotauros.

(Gueorgui Gospodínov. Física de la tristeza. Traducción de María Vútuva. Madrid. Impedimenta, 2026)

Yo somos.

Yo fuimos.

viernes, 2 de octubre de 2026

Sé

Sé respetuoso, guarda un cierto decoro, nunca seas rácano en el amor.

No avasalles, no insistas, no desconfíes; nunca pierdas la ternura.

Sé respetuoso. Deja que la curiosidad ilumine tu vida. Deja que tu vida se ilumine por pura curiosidad.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

El enigma Dylan

Nadie sabe cuántas canciones ha compuesto Dylan, pero tampoco podemos estar muy seguros de los libros que se han escrito sobre él. Una bibliografía especializada –Come Writers And Critics. The Bob Dylan Papers Site- ha podido contabilizar un total de 1.910 libros de temática dylaniana: 943 escritos en inglés y 967 en otras lenguas. De esos 1.910 libros, 23 eran biografías de Dylan. Algunos de esos biógrafos entrevistaron a los padres de Dylan y a sus amigos y a algunas de sus amantes y a personas que habían trabajado con él o que habían tenido una clase de relación con él. La información que hay recogida en esas biografías es apabullante, hasta el punto que podría decirse que se sabe casi todo sobre la vida de Dylan, semana a semana, o incluso día a día.

Se sabe, por ejemplo, cómo se llamaba la tienda de electrodomésticos que el padre de Dylan tenía en Hibbing, el pueblo minero de Minnesota donde pasó su infancia y su juventud (Zimmerman Furniture and Electric). Y se sabe cómo se llamaban las primeras bandas que Dylan (todavía Bobby Zimmerman) tuvo en Hibbing en 1957, cuando aún no había cumplido los diecisiete años y aporreaba el piano a lo Little Richard (eran The Shadow Blasters y luego The Golden Chords). Y se sabe que un fan de Dylan compró por ochenta mil dólares la casa de dos plantas en la que Dylan vivió sus primeros seis años: una casa situada en la parte alta de Duluth, en las riberas del lago Superior, en esa gélida y ventosa región de Minnesota que a él le gustaba llamar el Río de Hielo.

Y también se sabe en qué coche llegó haciendo autostop a Nueva York en enero de 1961 (un Impala del 57). Y se sabe que su llegada coincidió con una gran nevada que sepultó la ciudad bajo la nieve. […] Y hasta se sabe cómo se llamaba el tipo que le gritó “¡Judas!”, el 7 de mayo de 1966, en el famoso concierto del Free Trade Hall de Manchester que pasó a la historia por ese grito rabioso contra el Dylan que lucía una Telecaster en el escenario: el tipo se llamaba Keith Burler y murió en 2002, en Toronto, a los cincuenta y seis años, después de haber pasado toda su vida como un oscuro empleado de banca.

Y podríamos seguir y seguir. […] Se sabe cómo se llamaba el perro que Dylan tenía en Woodstock cuando grababa con The Band las canciones de The Basement Tapes (se llamaba Hamlet). […] Se sabe que […], en el invierno del 76, Dylan tuvo una aventura con una trapecista a la que había contratado para que le enseñara a caminar sobre la cuerda floja. Y por cierto –nos preguntamos-, ¿hacía falta que una chica le enseñara a Bob Dylan a caminar sobre la cuerda floja? ¿Ha vivido alguna vez Dylan haciendo algo que no sea caminar sobre la cuerda floja?

Al final, nada de lo que se ha escrito sobre Dylan nos sirve de mucho. Como Homero, como Shakespeare, como Emily Dickinson, como Emily Brönte, como John Ford, Dylan será siempre un enigma. Su música es tan vasta, tan poderosa como América, y el hombre que hay detrás, el ser humano que la ha creado, es una mota de polvo perdida en una vía de tren. Por mucho que le busquemos nunca daremos con él. […]

Cualquiera que haya intentado captar el misterio de Dylan sabe que Dylan es una criatura tan inalcanzable como Moby Dick: quien quiera atraparlo, quien quiera comprenderlo, quien quiera saber lo que ha querido decir a lo largo de su larguísima carrera, acabará sepultado en el fondo del mar. Eso le pasó a Robert Shelton, el crítico del New York Times que descubrió a Dylan en 1961 y que se empeñó en escribir una biografía definitiva, No Direction Home, que le llevó veinte años y que prácticamente lo volvió loco. Persiguiendo a Dylan, Shelton fue a entrevistar a sus padres en Hibbing, en 1968, y luego empezó a analizar al milímetro todas sus letras, y luego se fue distanciando de sus amigos, y se apartó de su mujer, y se arruinó, y empezó a beber más de la cuenta, y se peleó con sus editores porque su biografía era tan larga que resultaba impublicable y al final tuvo que irse a vivir a Inglaterra, donde acabó escribiendo críticas de cine para un modesto periódico de Brighton. Sí, perseguir a Dylan es perseguir a Moby Dick. Pero cuidado: Dylan no es solo la ballena blanca, sino que también es el capitán Ahab y el grumete Ismael y el arponero Queequeg y el primer oficial Starbuck, y por supuesto, también es Herman Melville contando la historia del ballenero Pequod en una granja de Massachutets. Y además, Dylan es también cualquiera de nosotros cuando escuchamos sus canciones. Dylan, como el número cero, está en todas partes y no está en ninguna.

(Eduardo Jordá. Número cero. Bob Dylan: retrato de un hombre invisible. Barcelona, Libros del Asteroide, 2026)

La energía total del universo es exactamente cero.

STEPHEN HAWKING, Historia del tiempo

sábado, 19 de septiembre de 2026

El hombre que pudo reinar

Íbamos a ser los nuevos Godars, los nuevos Kurosawas. Y Francis iba a guiarnos.

JOHN MILIUS

I

Jakob se volvió hacia Francis y le dijo, una y otra vez: “Francis, ahora todo depende de ti; eres el único”. Como si Coppola, el último hombre en pie, hubiera heredado la obligación histórica del Nuevo Hollywood: convertir en obra de arte del cine el acontecimiento histórico clave de su generación. Como no era típico de él lavarse las manos y quedarse al margen de la historia, Francis abrazó de buen grado sus destino; al fin y al cabo, si no lo hacía él, ¿quién iba a hacerlo? Él les había enseñado el camino; toda su carrera sólo había sido un preámbulo a este proyecto, que, en efecto, combinaba sus dotes de showman, productor y artista. Con todo, era una carga muy pesada. Francis la asumió, […] nunca volvió a ser el mismo. […]

II

El padrino dio en un punto neurálgico cultural. Cada cual la interpretó a su manera, lo cual, como los expertos en marketing no tardaron en darse cuenta, es condición sine qua non para conseguir un éxito de taquilla o un best-seller. Por un lado, en gran medida era una película de los sesenta. Estrenada justo antes del Watergate, la brillante primera escena en la que la maciza cabeza de Brando emerge poco a poco de la oscuridad mientras la cámara retrocede despacio y Bonasera, el panadero, le pide al Padrino que vengue a su hija violada, sienta la premisa de que el sueño americano ha fracasado, de que el crisol cultural es una ilusión, de que los pobres están atrapados en el escalón más bajo de un sistema injusto. La mafia hace lo que el Gobierno no hace: justicia simple y una versión del bienestar para las clases bajas, un sistema de valores propio del Viejo Mundo que amortigua el choque del capitalismo. Igual que Bonnie y Clyde y Easy Ryder (En busca de mi destino), El padrino era una crítica a los valores de la generación del padre. Coppola comparó a Corleone con Nixon: comenzó como un idealista, distanciándose de la “Familia”, y terminó abrazando sus valores y copiándolos. […]

III

Había realizado el sueño de todos los directores jóvenes: un éxito espectacular en un género establecido mientras se las ingeniaba para mantener su personal manera de hacer cine y, lo que es más, combinando ambas cosas en su arriesgada continuación de El padrino. Es justo decir que no hay otra figura, ni siquiera Welles en su momento más grandioso, ni Spielberg en la cumbre de su carrera, que recibiese los elogios que llovieron sobre Coppola. Ni las desmesuradas fantasías del niño poliomielítico podían igualar lo alcanzado en la realidad. Coppola ya tenía treinta y cinco años; el movimiento juvenil ya había alcanzado la mayoría de edad. […]

IV

Coppola no volvió a hacer una sola película comparable a las obras maestras de los setenta. Una vez dijo que el hombre que hizo los Padrinos había muerto en la jungla, y tal vez tenía razón. Dice el productor Al Ruddy, que observaba la carrera del director a distancia después de la pelea que habían tenido por El padrino: “Antes de El padrino, no era nadie. Después fue uno de los directores más importantes del mundo. Nadie está preparado para un viaje tan pesado. Estaba muy obsesionado con ser un hombre como Charlie Bluhdorn. Perdió parte de su foco de atención, y fue otro ejemplo de director destrozado por creerse que vivía en una película”. […]

(Peter Biskind. Moteros tranquilos, toros salvajes. La generación que cambió Hollywood. Traducción de Daniel Najmías. Barcelona, Anagrama, 2025)

V

Padre y yo os echaremos de menos en el cielo.

(En una carta a sus hijos la madre de Paul y Leonard Schrader)

jueves, 17 de septiembre de 2026

Frammento del Canto V dell'Inferno di Dante recitato da Vittorio Gassman


“Amor, que en el corazón noble se enciende,

arrebató a esa bella persona que me fue robada

de un modo que aún me aflige.

Amor, que no perdona a quien de vuelta no ama,

me llevó a un sentir tan intenso

que como ven no me abandona.

Amor nos condujo a una muerte sola.

Caína espera a quien nuestra vida apagó.”

De ellos estas palabras nos fueron entregadas.

Cuando escuché aquellas almas dolientes,

incliné el rostro, manteniéndolo abajo,

hasta que el poeta me dijo: “¿En qué piensas?”

Cuando pude, repliqué: “¡Dios mío, cuán

dulces pensamientos, cuánto deseo

los condujo hasta el doloroso paso!”

Entonces me dirigí a ellos y empecé:

“Francesca, me causan tanta tristeza y piedad

tus martirios que de mis ojos brotan lágrimas.

Pero dime: al momento de esos dulces suspiros,

¿cómo fue que el amor te concedió conocer

aquellos deseos tan inciertos?”

Y ella a mí: “No hay mayor dolor

que recordar los tiempos felices

en la miseria; y eso lo sabe tu maestro.

Pero si tanto deseas conocer

la primera raíz de nuestro amor,

lo diré como quien llora y habla.

Leíamos, un día, por deleite

del amor que sometió a Lancelot;

estábamos solos y sin sospecha alguna.

En cuanto la lectura unía nuestros ojos,

palidecían nuestras caras; pero fue

un instante sólo el que nos venció.

En cuanto leímos el gran amante

besar la tan deseada sonrisa, éste,

que de mí jamás se ha separado,

temblando me besó la boca. Culpable

el libro y Galahad quien lo escribió:

desde aquel día no pudimos leer más.”

Mientras que el ánima esto decía,

el otro con tanta pena lloraba

que me abandonaron los sentidos,

y caí como un cuerpo muerto cae.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Encuentro

Las motillas

(Un libro imprescindible)

Las motillas suelen ser circulares y a menudo discurren en torno a un pozo ubicado en el patio central de la construcción. Acostumbraban a estar en llanuras aluviales, en zonas de baja salinidad, cerca de ríos y en puntos en los que la capa freática queda lo bastante cerca como para poder alcanzarla a mano con técnicas y herramientas de hace más de cuatro mil años. Se instalaron en lugares que no siempre estuvieron secos. No se sabe si sus artífices habían visto los últimos charcos antes de que desapareciesen, o si conocían la técnica que otros ya empleaban entonces y que el ingeniero Marco Vitruvio extendió casi tres mil años después para encontrar donde construir un pozo: tumbarse en el suelo al amanecer, pegar la mejilla a la tierra y esperar a que saliera una neblina. Más o menos en ese tiempo es cuando se cree que el ser humano descubrió algo que sabe también el escarabajo del desierto de Namibia: que puede conseguir agua allí donde hay niebla. O quizá, simplemente, se guiaron por la presencia de algunas plantas que, como sabían nuestros antepasados desde tiempos inmemoriales, podían indicar que debajo había agua. Nunca sabremos cuál de estos conocimientos arcaicos les dio la clave para instalarse en unos lugares y no en otros, pero para los primeros pastores las lagunas de Ruidera habían sido un oasis. A diferencia de otros puntos de La Mancha, ahí el agua solía ser constante, y por eso proliferaron allí las motillas mucho antes del encantamiento del que fueron víctimas en el sueño que tuvo don Quijote en la cueva de Montesinos. Un sueño que, además, aporta una metáfora que remite a un hecho que tuvo lugar en tiempos prehistóricos: las lagunas secuestradas.

Los yacimientos se encuentran especialmente concentrados en las zonas de drenaje natural en superficie del acuífero 23, como son las Tablas de Daimiel, los Ojos del Guadiana, las lagunas de Ruidera y los cursos de algunos ríos. Esas construcciones se extendieron sobre todo por la actual Ciudad Real y también por Albacete, y se han encontrado algunas en Toledo y Cuenca, aunque allí su presencia es testimonial. La mayor concentración se da en la Mancha Occidental I, sobre cinco masas de agua subterránea en la cuenca hidrográfica del Guadiana y parte del Júcar. Sólo en el entorno de las Tablas de Daimiel se han encontrado ya ocho de las cuarenta y cinco que han aparecido hasta la fecha.

Eran más que pozos; allí se enterraban, alrededor del agua, algunos muertos, a menudo con vasos y otros elementos del ajuar. Coexistieron con las morras (poblaciones en altura), silos y centros ceremoniales. De estos últimos, y hasta que viera la luz recientemente Bocapucheros, sólo había pruebas de uno que ya nos resulta familiar: Castillejo del Bonete, que se encontraba entre dos motillas, conectando él solo con el inframundo y la vida con la muerte.

(Virginia Mendoza. La sed. Una historia antropológica (y personal) de la vida en tierras de lluvia escasa. Barcelona, Debate/ Penguin Random House, 2024, páginas 130-131)

No es posible, señor mío, sino que estas yerbas den testimonio de que por aquí cerca debe de estar alguna fuente o arroyo que humedece y así será bien que vayamos un poco más adelante, que ya toparemos donde podamos mitigar esta terrible sed que nos fatiga, que sin duda causa mayor pena que la hambre.

SANCHO PANZA (El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, cap. XX)

jueves, 10 de septiembre de 2026

Cuando se ha perdido todo

Durante kilómetros caminábamos a trompicones, resbalando en el hielo y sosteniéndonos continuamente el uno al otro, sin decir palabra alguna, pero mi compañero y yo sabíamos que ambos pensábamos en nuestras mujeres. De vez en cuando levantaba la vista al cielo, y contemplaba el diluirse de las estrellas al tiempo que el primer albor rosáceo de la mañana se dejaba ver tras una oscura franja de nubes. Pero mi mente se aferraba a la imagen de mi esposa, imaginándola con una asombrosa precisión. Me respondía, me sonreía y me miraba con su mirada cálida y franca. Real o irreal, su mirada hacía más que el sol del amanecer. En ese estado de embriaguez nostálgica se cruzó por mi mente un pensamiento que me petrificó, pues por primera vez comprendí la sólida verdad dispersa en las canciones de tantos poetas o proclamada en la brillante sabiduría de los pensadores y de los filósofos: el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre. Entonces percibí en toda su hondura el significado del mayor secreto que la poesía, el pensamiento y las creencias humanas intentan comunicarnos: la salvación del hombre sólo es posible en el amor y a través del amor.

(Viktor Frankl. El hombre en busca de sentido. Traducción de Christine Kopplhuber y Gabriel Insausti Herrero. Edición y prólogo de José Benigno Freire. Barcelona, Herder, 2004)

sábado, 22 de agosto de 2026

Idilio by Willie Colon

Que a besos yo te levante al rayar el día

y que el idilio perdure siempre al llegar la noche.

Y cuando venga la aurora llena de goce

se fundan en una sola tu alma y la mía.

lunes, 17 de agosto de 2026

He vivido

He vivido los blancos de la vida,

sus equivocaciones, sus olvidos, su

torpeza incesante y recuerdo su

misterio brutal, y el tentáculo

suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies

frenéticos de huida.

He vivido su tentación, y he vivido el pecado

del que nadie cabe nunca nos absuelva.

(Leopoldo María Panero. 

Last river together. 

Madrid, Ayuso, 1980)

jueves, 13 de agosto de 2026

La visión de Teoclímeno

“¡Ah míseros! ¿Qué mal es ése que padecéis? Noche obscura os envuelve la cabeza, y el rostro, y abajo las rodillas; crecen los gemidos; báñanse en lágrimas las mejillas; y así los muros como los hermosos intercolumnios aparecen rociados de sangre. Llenan el vestíbulo y el patio las sombras de los que descienden al tenebroso Érebo; el sol desapareció del cielo y una horrible obscuridad se extiende por doquier.”

En tales términos les habló; y todos rieron dulcemente. Entonces Eurímaco, hijo de Pólibo, comenzó a decirles:

“Está loco ese huésped venido de país extraño. Ea, jóvenes, llevadle ahora mismo a la puerta y váyase al ágora, ya que aquí le parece que es de noche.”

Contestóle Teoclímeno, semejante a un dios: «¡Eurímaco! No pido que me acompañen. Tengo ojos, orejas y pies, y en mi pecho la razón que está sin menoscabo: con su auxilio me iré afuera, porque comprendo que viene sobre vosotros la desgracia, de la cual no podréis huir ni libraros ninguno de los pretendientes que en el palacio del divinal Ulises insultáis a los hombres, maquinando inicuas acciones.”

(Homero, Odisea, XX, 351-375. Versión directa y literal del griego de Luis Segalá y Estalella. Barcelona, Montaner y Simón Editores, 1910. Imagen: Plaza de España de Torrijos, Toledo; 12 de agosto y 2026)