jueves, 13 de agosto de 2026

La visión de Teoclímeno

“¡Ah míseros! ¿Qué mal es ése que padecéis? Noche obscura os envuelve la cabeza, y el rostro, y abajo las rodillas; crecen los gemidos; báñanse en lágrimas las mejillas; y así los muros como los hermosos intercolumnios aparecen rociados de sangre. Llenan el vestíbulo y el patio las sombras de los que descienden al tenebroso Érebo; el sol desapareció del cielo y una horrible obscuridad se extiende por doquier.”

En tales términos les habló; y todos rieron dulcemente. Entonces Eurímaco, hijo de Pólibo, comenzó a decirles:

“Está loco ese huésped venido de país extraño. Ea, jóvenes, llevadle ahora mismo a la puerta y váyase al ágora, ya que aquí le parece que es de noche.”

Contestóle Teoclímeno, semejante a un dios: «¡Eurímaco! No pido que me acompañen. Tengo ojos, orejas y pies, y en mi pecho la razón que está sin menoscabo: con su auxilio me iré afuera, porque comprendo que viene sobre vosotros la desgracia, de la cual no podréis huir ni libraros ninguno de los pretendientes que en el palacio del divinal Ulises insultáis a los hombres, maquinando inicuas acciones.”

[Homero, Odisea, XX, 351-375. Versión directa y literal del griego de Luis Segalá y Estalella. Barcelona, Montaner y Simón Editores, 1910. Imagen: Plaza de España de Torrijos, Toledo; 12 de agosto y 2026)

sábado, 25 de julio de 2026

Cielo de ceniza

El cielo, ceniciento, encenizado.

Mi boca se llena de pavesas.

Y este olor a papeles chamuscados.

Se está muriendo mi infancia.

Tan sólo dame la mano.