até a tu lecho
velas izadas
Siéntate. Inhala.
Exhala.
El arma esperará.
El lago esperará.
La sustancia
amarga en el pequeño hermoso frasco
esperará, esperará:
podrá esperar una
semana: y esperará todo abril.
No tienes que morir
este día.
La muerte permanecerá.
Te aseguro que la
muerte esperará. La muerte
tiene todo el
tiempo. La muerte puede
atenderte mañana. O
la próxima semana. La muerte está
justo en esta
calle, un poco más allá; y es la vecina
más complaciente,
está lista para encontrarte
a cada instante.
No necesitas morir
hoy.
Quédate
aquí un poco –pese al despecho, y el desánimo y el dolor.
Espera a ver lo que depara el mañana.
En las tumbas no
crecen verdes que te sirvan.
Recuerda, el verde es tu color. Eres la primavera.
(Gwendolyn
Brooks. The Near-Johannesburg Boy and
Other Poems. Chicago, The David Company, 1986)
[TO THE YOUNG WHO WANT TO DIE: Sit down. Inhale. Exhale./ The gun will wait. The lake will wait./ The tall gall in the small saductive vial/ will wait, will wait:/ will wait a week: will wait through April./ You do not have to die this certain day./ Death will abide, will pamper your postponement./ I assure you death will wait. Death has/ a lot of time. Death can/ attend to you tomorrow. Or next week. Death is/ just down the street; is most obliging neighbor;/ can meet you any moment.// You need not die today./ Stay here-through pout or pain or peskyness./ Stay here. See what the news is going to be tomorrow.// Graves grow no green that you can use./ Remember, green’s your color. You are Spring.]
Mis sueños, mis tareas, tendrán que esperar hasta mi vuelta del infierno.
de una mujer que siente demasiado,
de una mujer que escribe.
No te enamores de una mujer culta,
maga, delirante, loca.
No te enamores de una mujer que piensa, que sabe
lo que sabe y además sabe volar;
una mujer segura de sí misma.
No te enamores de una mujer que se ríe o llora
haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu
su carne; y mucho menos de una que ame la poesía
(esas son las más peligrosas), o que se quede
media hora contemplando una pintura
y no sepa vivir sin la música.
No te enamores de una mujer a la que le interese
la política y que sea rebelde y vertigue
un inmenso horror por las injusticias.
Una a la que le gusten los juegos de fútbol
y de pelota y no le guste para nada ver televisión.
Ni de una mujer que es bella
sin importar las características
de su cara y de su cuerpo.
No te enamores de una mujer intensa, lúdica y lúcida
e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así.
Porque cuando te enamoras de una mujer como ésa,
se quede ella contigo o no, te ame ella o no,
de ella, de una mujer así, jamás se regresa.
(Martha Rivera-Garrido. Alfabeto
de agua. Poesía reunida 1985–2013. Santo Domingo, Ediciones Ferilibro,
2014)
Feliz Día del Libro
venid, pues, lenta y suavemente para que no se raye
la porcelana de mi soledad.