jueves, 15 de diciembre de 2016

Llegada la noche


Llegada la noche, vuelvo a casa y entro en mi escritorio; en su puerta me despojo de la ropa cotidiana, llena de barro y mugre, y me visto con paños reales y curiales; así, decentemente vestido, entro en las viejas cortes de los hombres antiguos, donde acogido con gentileza, me sirvo de aquellos manjares que son sólo míos y para los cuales he nacido. Estando allí no me avergüenzo de hablar con tales hombres, interrogarles sobre las razones de sus hechos, y esos hombres por su humanidad me responden. Durante cuatro horas no siento fastidio alguno; me olvido de todos los contratiempos; no temo a la pobreza ni me asusta la muerte. De tal manera quedo identificado con ellos.

(Nicolás Maquiavelo. El Príncipe. Traducción de Miguel Ángel Granada. Madrid, Alianza, 1981. Imagen: Woman Reading by Candlelight de Peter Vilhelm Ilsted, 1908)