lunes, 1 de abril de 2019

Nazca el niño negativo de Rafael Sánchez Ferlosio



Nazca el niño negativo,
nadie, nunca, nada, no.

Si amanece la arrogancia
de la fuerza y el valor,
niño débil y cobarde,
niño noche y deserción.

Nazca el niño negativo,
nadie, nunca, nada, no.

Si relumbran los fusiles
de la blanca afirmación,
niño oscuro, niño inerme,
niño niebla y evasión.

Nazca el niño negativo,
nadie, nunca, nada, no.

Si los médicos prescriben
la alegría y la salud,
niño triste, niño enfermo,
sin niñez ni juventud.

Nazca el niño negativo,
nadie, nunca, nada, no.

Si en el quicio de la carne
la palabra se escindió,
niño niño, niño niña,
niño luna, niño sol.

Nazca el niño negativo,
nadie, nunca, nada, no.

Si a la luz de la justicia
toda culpa se aclaró,
niño bueno, niño malo,
sembrador de confusión.

Nazca el niño negativo,
nadie, nunca, nada, no.

Si la lógica decide
de la verdad y el error,
niño cierto, niño falso,
blanco de contradicción.

Nazca el niño negativo,
nadie, nunca, nada, no.

Si entre la carne y el verbo
imposible fue el amor,
niño nadie, niño nunca,
niño nada, niño no.

(Rafael Sánchez Ferlosio, “Villancico” (1972), en Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, Barcelona, Destino, 1993, y Campo de retamas. Pecios reunidos. Barcelona, Penguin Random House, 2015)

Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, 4 de diciembre de 1927- Madrid, 1 de abril de 2019)


miércoles, 6 de febrero de 2019

Lectura fácil de Cristina Morales



Se dice que para incumplir las normas
primero hay que conocerlas.
Por eso yo he escrito todas las normas que me salto,
para demostrar que no me las salto sin saber,
sino que me las salto sabiendo y queriendo.

Es un acto de rebeldía.

Rebeldía es cuando no estás de acuerdo con una norma
y te la saltas.

Si no conoces la norma y te la saltas igual
no es rebeldía,
solo es ignorancia.

Ignorancia es no saber algo.

Soy una escritora rebelde
porque después de estudiarme las normas de Lectura Fácil,
me he dado cuenta de que muchas están mal
y de que mucha gente que no es ignorante,
como por ejemplo la jueza que autorizó
la esterilización de mi prima Marga no conoce la Lectura Fácil.

(…)

Soy una escritora rebelde y universal
que ha tomado la iniciativa
de regenerar, democratizar y volver productiva la Lectura Fácil
sin miedo a saltarme las normas,
cueste lo que cueste,
caiga quien caiga,
salga el sol por Antequera
y aunque me convierta en una escritora incomprendida,
maldita o de culto.

Incomprendida significa que nadie te comprende.
Maldita significa que te han echado una maldición.
De culto significa como el culto en las iglesias
cuando la gente va a rezarle a un santo,
a un cristo o a una virgen,
pero en vez de rezar se leen tu libro.

Esto de rezar y del libro es una metáfora.
                                                                                                     
(Cristina Morales. Lectura fácil. Barcelona, Anagrama, 2018)

jueves, 8 de noviembre de 2018

Después de veinte años



Cuando yo tenía catorce años
me hacían trabajar hasta muy tarde.
Cuando llegaba a casa,
me cogía la cabeza mi madre entre sus manos.

Yo era un muchacho que amaba el sol y la tierra
y los gritos de mis camaradas en el soto
y las hogueras en la noche
y todas las cosas que dan salud y amistad
y hacen crecer el corazón.

A las cinco del día, en el invierno,
mi madre iba hasta el borde de mi cama
y me llamaba por mi nombre
y acariciaba mi rostro hasta despertarme.

Yo salía a la calle y aún no amanecía
y mis ojos parecían endurecerse con el frío.

Esto no es justo, aunque era hermoso
ir por las calles y escuchar mis pasos
y sentir la noche de los que dormían
y comprenderlos como a un solo ser,
como si descansaran de la misma existencia,
todos en el mismo sueño.

(...)

Veinte años.
He sido escarnecido y olvidado.
Ya no comprendo la noche
ni el canto de los muchachos sobre las praderas.
Y, sin embargo, sé
que algo más grande y más real que yo
hay en mí, va en mis huesos:

Tierra incansable,
firma la paz que sabes.
Danos nuestra existencia a nosotros mismos.

(Antonio Gamoneda. Blues castellano (1961–1966). Gijón, Noega, 1982)