miércoles, 24 de agosto de 2016

El mundo


Lo anterior a tu voz,
eso es el mundo.

(Jaime Siles. Biografía sola.
Málaga, El Guadalhorce, 1971)

martes, 23 de agosto de 2016

Manifiesto populista


Poetas, abandonad vuestros armarios,
abrid vuestras ventanas, abrid vuestras puertas,
habéis estado demasiado tiempo enterrados
en vuestros mundos de clausura.
Bajad, bajad,
de vuestras Colinas Rusas y vuestras Colinas Telégrafos,
vuestras Colinas Faro, y vuestras Colinas Capilla,
vuestros Montes Análogos y vuestros Montparnasse,
bajad a pie colinas y montañas.
Bajad de vuestras cúpulas y poltronas.
Los árboles caen todavía
y no volveremos a los bosques nunca más.
No hay tiempo ahora para sentarse en ellos
mientras los hombres queman su propia casa
para cocinar a su cerdo.
No más cánticos Hare Krisna
mientras arde Roma.
Está quemándose San Francisco,
en el Moscú de Mayakowski está ardiendo
la gasolina fósil de la vida.
La Noche y el Caballo se acercan
comiendo luz, calor y poder
y las nubes tienen pantalones.
No hay tiempo para que el artista se esconda
encima, más allá o detrás de los escenarios,
indiferente, limpiándose las uñas,
refinándose fuera de la existencia.
No hay tiempo para nuestros pequeños juegos literarios,
no hay tiempo para nuestras paranoias y nuestras hipocondrías,
no hay tiempo para el miedo ni para el enojo,
sólo hay tiempo para la luz y el amor.
Hemos visto a las mejores mentes de nuestra generación
destruidas por el aburrimiento en las lecturas poéticas.
La poesía no es una sociedad secreta,
no es un templo tampoco.
Palabras secretas y cantos ya no sirven.
Ya concluyó la hora del Om,
viene la hora del lamento,
la hora del lamento y del regocijo,
viene el final de la civilización industrial
de lo que perjudica al hombre y a la tierra.
Es la hora de encarar el exterior
en la posición del loto
con los ojos abiertos de par en par,
la hora de abrir vuestras bocas
con un nuevo discurso abierto,
la hora de comunicarse con todos los seres que sienten,
todos vuestros Poetas de las Ciudades,
colgados en los museos, yo incluido,
todos vosotros poetas para poetas que escribís poesía
sobre poesía,
todos vosotros poetas de lenguas muertas
y deconstruccionistas,
todos vosotros talleres de poesía
en los sótanos del corazón de América,
todos los domeñados en la casa de Ezra Pound,
todos vosotros poetas monstruosos cortados a patrón,
todos vosotros poetas concretos y estresados,
todos vosotros poetas cumilingües,
todos vosotros poetas de servicio de pago que os quejáis con graffitti,
todos vosotros versificadores del Metro incapaces de hacer rima
todos vosotros maestros del haiku
en las siberias de América,
todos vosotros ciegos ilusos,
todos vosotros supersurrealistas que os ocultáis a vosotros mismos,
todos vosotros visionarios de habitación
y agitadores de retrete,
todos vosotros poetas grouchomarxistas
y camaradas de la clase ociosa
que vagueáis todo el día
y habláis acerca de la clase proletaria.
Todos vosotros anarquistas católicos de la poesía
todos vosotros montañeros negros de la poesía
todos vosotros bramanes de Boston y bucólicos de Bolina
todos vosotros canguros de la poesía
todos vosotros hermanos zen de la poesía
todos vosotros amantes suicidas de la poesía
todos vosotros profesores greñudos de la poesía
todos vosotros reseñistas de la poesía
bebiéndoos la sangre del poeta
todos vosotros policías de la poesía
¿dónde están los niños salvajes de Whitman?
¿dónde las voces fabulosas que recitan
con sentido de la dulzura y de lo sublime?
¿dónde la nueva visión fabulosa,
la fabulosa perspectiva del mundo?
¿la elevada canción profética
de la tierra inmensa
y todo lo que canta en ella
y nuestro vínculo con eso?
Poetas, descended
a la calle del mundo una vez más
y abrid vuestras mentes y vuestros ojos
con el antiguo deleite visual,
aclarar vuestras gargantas y hablad alto,
la poesía está muerta, larga vida a la poesía
de ojos terribles y fuerza de búfalo.
No esperéis a la revolución
o sucederá sin vosotros,
parad de susurrar y gritad
con una nueva poesía abierta de par en par
con un nuevo lugar público de sentido común
con otros niveles de subjetividad
otros niveles subversivos,
un tenedor incrustado en el interior del oído
para cavar la superficie.
De vuestro propio dulce yo que aún canta
hay que declarar la palabra colectiva
la poesía el común vehículo
para transportar al público
a lugares más elevados
de los que otros vehículos pueden alcanzar.
La poesía aún cae de los cielos
a nuestras calles todavía abiertas.
No han abandonado las barricadas todavía,
las calles aún vivas con caras
de adorables hombres y mujeres
que se pasean aún por allí,
hay criaturas adorables por todas partes aún,
en los ojos de todos el secreto de todos
sigue enterrado todavía,
los niños salvajes de Whitman todavía duermen allí,
despertaros y cantad al aire libre.

(Lawrence Ferlinghetti. Manifiesto populista y otros poemas. Málaga, Árbol de Poe, 2005)

Toots Thielemans (Bruselas, 29 de abril de 1922 - 22 de agosto de 2016)


lunes, 22 de agosto de 2016

Soul



Género musical por el cual el ser humano toma conciencia de sí mismo y de lo que le rodea y establece relaciones afectivas y espirituales con el mundo real y con el mundo inmaterial…

(Fernando Nombela. Autobiografía del rock and roll)

Pollo al chilindrón de Julio Alejandro


(Una receta de cocina que me ha servido muchas veces, además de para cocinar, para explicar a mis alumnos qué será eso de la literatura)

Escojo la cazuela, ancha de boca, bien curvada de cadera y lo suficientemente profunda para la cantidad de comensales que van a regalarse este mediodía. Porque si ustedes no lo saben, la cazuela de barro es la gran señora de las cocinas que se precien de dar buen trato. Una jícara de aceite a fuego ligeramente cansino para que no se caliente con sobresalto y que la cabeza de ajo que le echo se vaya dorando a paso corto. Mientras lo hace, corto el pollo en pedazos no demasiado grandes y los espolvoreo con sal y pimienta. Saco el ajo que ya habrá adquirido color de hábito de fraile capuchino, y echo a dorar el pollo. Unas cuantas vueltas para que se tueste sin exceso y por todas partes lo mismo. Saco el pollo y lo pongo aparte dejándolo meditar en su desgracia.

He dicho una cabeza de ajo, y pueden ser dos o tres, según las piezas de pollo que voy a usar; pero sea uno, o dos, o tres, debe medirse bien la cantidad para que el ajo se porte como los buenos sirvientes que están ahí, pero que no se dejan ver; oséase que dé su almilla sin hacerse demasiado presente.

Una vez sólo el aceite, él mismo me pide la claridad de la cebolla. Se la entrego. Por simpatía para este primer escalón del guiso, procuro que el aceite no queme demasiado y tapo la cazuela. Así la cebolla se cuece, no se fríe; se ablanda, se hace transparente y al acitronarse cumple su cometido con elegancia, sin dureza que moleste al diente y sin que su sabor tome excesiva fuerza si la dejo tostar. El que no entienda esto, que no se atreva a probar el chilindrón que es como una afirmación culinaria de lo anterior. Dicen los cánones que la cebolla debe echarse al frito bien picada. Yo prefiero rallarla. Con eso cae en el aceite con cuerpo más desmayado y he podido comprobar que entrega su sabor con más delicadeza.

Luego el jamón. Algunos aconsejan los tropezones; quiero decir el jamón cortado en pequeños dados. Otros lo prefieren en lascas o lonjas delgaditas. Me place de este modo porque así impregna mejor la salsa de su sabor y absorbe mejor las alegrías de los otros ingredientes.

Todo esto es simplemente la introducción al vals. El baile para mí empieza con los pimientos. Déjenme hacer una levísima pausa de silencio dedicada a este hermoso fruto de la tierra.

Los pimientos, como los mártires cristianos, tienen que padecer suplicio antes de subir a los altares; mejor dicho, en este caso, descender a los abismos de la cazuela. Sobre la llama viva hay que colocarlo de pie, de cabeza, rodándoles el cuerpo hasta que la piel queda negra y crujiente. Es el momento de hacerlos sudar. Antes se los envolvía con una servilleta húmeda y ahí se reconcentraban en sí mismos y daban lo mejor de su cuerpo. Pero he comprobado que sudan mejor encerrándolos en una bolsa de plástico. Esta es una ligera pero cierta dignificación del hórrido plástico. Media hora de quietud meditativa y pueden salir de su encierro. Es el momento de refrescarlos en el chorro de agua.

La cubierta requemada de su carne, esa piel que alabamos anteriormente por su color tornasolado, ha muerto, y se desprende fácilmente bajo el líquido, del mismo modo que se van los malos pensamientos rezando un padrenuestro. Dicen.

Inmediatamente después, hay que sacar las pepitas. No fuera malo quitar la vena, pero eso es gusto personal. Los corto vertical y horizontalmente para conseguir pedazos chicos. Minimizados así, los uno a lo que desde antes entregó el espíritu en el aceite. Unas cuantas vueltas dadas con lentitud y con cuchara de palo para evitar las malas intenciones que pueden dar los metales a las salsas. Esas vueltas lentas, ejecutadas con intensidad de caricia, hacen que los pimientos traben íntimamente amistad con la cebolla y el jamón y entreguen lo mejor de sí mismos a la hermandad.

Suena la hora del tomate. Escaldados un minuto, los pelo fácilmente y enseguida los limpio de pepitas. Un médico amigo me insiste mucho en esto de despepitar el tomate. Según él esas cositas amarillas con aspecto de lentejuelas sin agujero son muy nocivas para el riñón. Yo ni lo afirmo ni lo niego. Como me lo contaron lo cuento, y allá ustedes si me hacen caso. Lo que sí puedo decirles es que, si en un restaurante me sirven el tomate sin pelar y con semillas, de seguro van a tardar mucho en volverme a ver. Una vez limpio el tomate, lo troceo para que se deshaga sin trabajo al calor y lo añado al contenido de la cazuela. Seguramente habrá que reducir un poco al fuego para que todo se vaya cociendo despacito. No hay que olvidarse de dar sus vueltas de vez en cuando para que la salsa quede suelta sin pegarse.

El momento en que se añade el pollo a esta salsa corpórea, depende de lo que tarda en llegar el tomate a su forma líquida; pero casi diría que es uno de esos pequeños milagros de intuición que sólo se verifican en las cocinas. Pruebo para ver cómo está de sal la cosa, aunque casi siempre con la que lleva el pollo y la que deja el jamón, basta. Ya sólo queda que el pollo se deje enternecer, se ablande y pueda desprenderse del hueso sin protesta.

Voy a confesar un pecado. Grave pecado contra lo que ciertas gentes consideran la Biblia del recetario de cocina; y es que antes de dorar el pollo le quité la piel. No me gusta la piel del pollo si no es cuando se asa y se tuesta bien; pero en guiso no, porque siempre se me indigesta. Como penitencia conciliadora y para hacerme perdonar, voy a darles una compensación: pongan al fuego una plancha de tostar o sartén. Al calor bajo, denle una pasadita de manteca o pincelada de aceite y ponga a asar la piel del pollo. Ya en la plancha, espolvoréenla de sal y pimienta. Dejen que se dore totalmente de un lado y dándole la vuelta déjenla en el otro hasta que cruja. Las pieles se harán chiquitas y quebradizas. Es el momento de comerlas. ¡Chicharrón de pollo, más exquisito que el de cerdo!

Ya para retirar la cazuela del fuego, pues considero que todo está en su punto, hermoso color, nada caldoso y aromando, oigo la campana de la puerta.

Ya están allí, me ataranto.

Rápidamente vierto sobre el chilindrón un vasito de vino blanco y corro a abrir. Me doy cuenta que llevo el mandil con el que cocino. Vuelvo para quitármelo pero me arrepiento y bajo con él al jardín. Así verán que no hago las cosas con engaño y no encargué la comida al restaurante de la plaza. Saludos. Risas y más pérdida de tiempo. Es un olvido lamentable. Corro a la cocina dejando a mis amigos con la palabra en la boca. Felizmente no se pegó la salsa, pero le faltó un pelo y temo que se secó una nadita más de lo debido.

Más tarde al servir, comprendo que no pasó nada grave; pero necesito veinte minutos de amena charla para que se me pase el berrinche.

Las personas que no cocinan pensarán que les he hecho un recibimiento frío a mis amigos, las que cocinan con amor me entenderán porque en cierto modo somos de la misma familia.

¿Qué más les di de comer? Eso me lo callo. Una comida tiene sus ribetes de misterio y no voy a despepitar todo, absolutamente todo de una sola vez en esta ocasión.

(Julio Alejandro de Castro Cardús. Breviario de los chilindrones. Zaragoza, Gobierno de Aragón,  2006)

Teoría del arte (I): Ars longa, vita brevis


Ὁ βίος βραχὺς, ἡ δὲ τέχνη μακρὴ.
(Hipócrates. Aforismos, I, 1)

(Película documental sobre gastronomía que me encantaría que vieran quienes han decidido, están decidiendo o por decidir, dedicarse a la literatura, el arte, la música, la poesía...)

Every time we say goodbye by Chet Baker


viernes, 12 de agosto de 2016

Una vez en Detroit (Nos quisimos tanto con Marvin Gaye)


La segunda vez no se oía nada salvo la música de las esferas deslizándose sobre la tierra caliente una noche de verano; la primera vez ya tenía bastante con respirar, pero la tercera vez, oh dios mío, la tercera vez que hice el amor, en el asiento delantero de un coche (después pasamos al de atrás), escuché todos los discos de la Motown.

Se llamaba Diana y olía a ropa nueva y a frutas del bosque.

Todo eso a la vez.

La Motown y frutas del bosque.

Una y otra vez.

(Fernando Nombela. Autobiografía del rock and roll)

jueves, 11 de agosto de 2016

Posesión (Elvis Reloaded)


Dice mi madre que la primera vez que vi a Elvis Presley en televisión (fue en El rock de la cárcel; entonces yo tendría tres o cuatro años, y, por fortuna, aún no existía entre la clase obrera la hiperactividad: me hubieran atiborrado a anfetaminas, como hicieron con el Rey), me pasé varios días sin poder parar de moverme y de recorrer suelos, techos y paredes con mis manos, con mis flacas caderas y con mis píes.

Lo de las anfetas vino mucho tiempo después, pero esa es otra historia de la que os iré hablando.

(Fernando Nombela. Autobiografía del rock and roll)

Born to be blue by Chet Baker/ Ethan Hawke


Bebéis vino para embriagaros, y yo lo bebo
para desembriagarme de ese otro vino...
(Gibrán Jalil Gibrán)

Soñé periodos moribundos 
--drugs not working— enfrentado a la droga dragón 
que erigía tenedores de fuego en mi vientre.
(Fernando Nombela)

miércoles, 10 de agosto de 2016

Rock and roll


Si crees que estás más o menos sano y sin embargo no se te mueve ninguna parte del cuerpo al escuchar “Rock around the clock” de Bill Haley, por favor, y sin demora, pide cita con el médico. O ve directamente a hablar con el de la funeraria (hacen descuento si ya vas muerto).

(…)

Es sólo rock and roll, pero no se me ocurre otra fórmula más precisa ni mejor conjuro para invocar a la felicidad.

(Fernando Nombela. Autobiografía del rock and roll)