miércoles, 6 de abril de 2016

Los cuerpos oscuros (Tres poemas de Juana Castro)


I

Mordedura

Madre para tus ojos huecos.
Para tu desmemoria.
Para el mal de rocío que te hiere la lengua.
Para tus manos grises
de cristal y avellana,

madre para el arroyo
de lana de la noche,
para tu manta roja
y sus flecos de humo,
para el fuego sin llama que te escuece en el sueño,

madre para que tú no veas
como en pliegue de astilla descender el silencio.
Madre para tu risa vana,
para el miedo y la aguja que en tus pies se detiene,
para tu intacto frío,
para tu piel aguada.

Para todo lo que
no pudiste decir y ya no existe.
Para ti, madre mía, desarbolada y ciega.
Para el abismo cierto de mi nombre.
Para mí que soy manca y baldía y no puedo
alumbrarte.

II

Un dragón siempre abierto

Hay un miembro que ladra y unas fauces.
Un dragón siempre abierto que no se sacia nunca,
que pide más y más bajel y aliento.

Y soy yo y no soy yo
mi enorme dragón rojo, una sombra
en el muro que acompañó mi llanto,
mis cintas carmesíes, el espejo
y las flautas rampantes de la noche.

Mi bestia y mi amor tierno,
que a mis pechos creciera y frente al alto
terror de los sin nombre.

Que me vive en las rosas y me deja sin aire.
Su culpa que es mi culpa.
Mi hambre que es su hambre.

III

Lacería

Cuando atardece el campo
y apacigua la parra su penacho de briega,
se me confiesa madre
entre las luces malva de su duelo.

Una niña la escucha,
pero le llueven piedras, y en el pecho
le crece una maroma que la llaga.

Y otra vez y de nuevo, madre,
en este aturdimiento de las horas oscuras,
en tu empeño porfías
y me hurtas tu amparo,
y a cambiarlo me obligas por las alas
que ni tengo ni tuve
más que en aquella fábula.

Fuese locura hacerme
fingida confidente en tus afanes,
y locura es mirarme
tan huérfana de ti,
con tu locura sola.

(Juana Castro. Los cuerpos oscuros. Madrid, 
Tigres de Papel/ Colección Genialogías, nº 2, 2016)

YA NO TENGO MENTIRAS
(Juana Castro)