lunes, 5 de octubre de 2015

El arte de desaparecer (VIII)


La pérdida, en todas sus manifestaciones, es la piedra de toque de la depresión, en el desarrollo de la enfermedad y, muy probablemente, en su origen. Más tarde, me iría convenciendo de que la devastadora pérdida de mi infancia figuraba como génesis probable de mi propio desorden; entretanto, observando mi condición retrógada, sentía pérdidas a manos llenas. La pérdida de la autoestima es un síntoma bien conocido, y mi propia conciencia del yo estaba al borde de la desaparición, junto con la confianza en mí mismo. Esta pérdida puede degenerar en dependencia, y la dependencia en miedo infantil. Uno teme la pérdida de todas las cosas, de todas las personas cercanas y queridas.

(William Styron. Esa visible oscuridad. Memoria de la locura.  Traducción y epílogo de Horacio Vázquez-Rial. Barcelona, La otra orilla, 2009)