domingo, 18 de noviembre de 2012

Wolfsbohne


oh
flores de Alemania, oh mi corazón deviene
cristal infalible en el que
la luz se prueba cuando Alemania

Hölderlin, Del abismo propiamente…

como en las casa de los judíos (en
recuerdo de Jerusalén arruinada) siempre
tiene que dejarse algo i n c o m p l e t o…

Jean Paul, El valle de Kampan

Echa el cerrojo: hay
rosas en la casa.
Hay
siete rosas en la casa.
Está
el candelabro de siete brazos en la casa.
Nuestro
niño
lo sabe y duerme.

(Lejos, en Michailovka, en
Ucrania donde
me mataron padre y madre: ¿qué
floreció allí, qué
florece allí? ¿Qué
flor, madre,
te dolió allí
con su nombre?
Madre, a ti
que decías Wolfsbohne y no:
lupino.

Ayer vino uno de ellos y
te mató
otra vez en
mi poema.

Madre.
Madre, ¿de quién
la mano he estrechado
cuando fui con tus
palabras a
Alemania?

En Aussig, dijiste siempre, en
Aussig del
Elba,
en la huida.
Madre, vivían allí
asesinos.

Madre, yo he
escrito cartas.
Madre, no llegó respuesta.
Madre, llegó una respuesta.
Madre, yo he
escrito cartas a –
Madre, ellos escriben poemas.

Madre, no los escribirían
si no existiera
el poema que
yo he escrito por
tu
amor
de Dios. Alabado, decías tú, sea
el Eterno y
glorificado, tres
veces
amén.

Madre, ellos callan.
Madre, ellos soportan que
la infamia me difame.
Madre, nadie
contradice a los asesinos.
Madre, ellos escriben poemas.
Oh
madre, cuánto
campo extranjero lleva tu fruto!
¡Lo lleva y alimenta
a los que allí matan!

Madre, yo
estoy perdido.
Madre, nosotros
estamos perdidos.
Madre, mi niño, que
se parece a ti.)

Echa el cerrojo: Hay
rosas en la casa.
Hay
siete rosas en la casa.
Está
el candelabro de siete brazos en la casa.
Nuestro
niño
lo sabe y duerme.

(Paul Celan. Los poemas póstumos. 
Traducción de José Luis Reina Palazón. 
Madrid, Editorial Trotta, 2003. 
NOTA: Wolfsbohne, esto es, baya de lobo)