sábado, 17 de noviembre de 2012

Música rota en el convento del Rosal (Variaciones sobre un tema de Diego Jesús Jiménez)


A Társila Peñarrubia

I

Áspero acorde
entre flores de escarcha y rezagados
pájaros de agua, por el roto techo
nos sorprende. Quien llora es quien no sabe.
Porque saber nos seca la mirada,
nos colmata de espinas
la boca. Oh flores blancas, flores simples
del rosal primitivo, ahora compuestas
de sangre mucha en agrupados pétalos,
de tanta piedra que ha rodado el aire,
de tanto viento que ha trizado súbito
la opresión del acorde.
Queda un tasto
de penuria en los labios, que no saben
al vidrio limpio que se llama Escabas
sino a desidia, a desazón, a sucia
pereza por cumplir su prometido
curso del agua al cielo cada pájaro.

II

(Convento del Rosal, Priego, Cuenca, 14 de julio de 2008)

Cada piedra que cae de estos muros,
capitel de pilastra o de columna,
basa que el hurto eleva, clave huida,
quiebra los limpios huesos de los muertos,
si amapolas aplasta sangre seca
pulveriza y nos hiela la memoria.
La historia, así, se borra. Nos sustraen
cuanta emoción hasta el sudor de origen
pudiera remontarnos. No hay memoria
como nunca hubo arcángeles ni hubo
nunca promesa ni esperanza ni aire
de libertad. Los pájaros falsarios,
los iris desplegados en gran cielo,
los rosales en flor y sin espinas
nunca se contuvieron en los vasos
de insigne devoción. Y vaso no hubo.
Lo supe apenas pronuncié sus nombres:
no hay ángeles. Lo supe
cuando leí la atroz verdad del tiempo:
el hombre, con la muerte, se acabó.
De tan cerca verdad ¿cómo nutrirse?
¿Con qué pájaros de agua, con qué cárdena
música, con qué gozo de la vida
disfrazar la ruina? No haya engaño:
quien ha cantado esta supervivencia
de una esperanza convivida no
puede responder, como se callan
los arroyos, los prados, los celajes
que al alma niega cuanto a vida suena.

III

(Convento del Rosal, Priego, Cuenca, 14 de julio de 2008)


Pero si llega el ángel
de penumbras vestido,
los labios suaves y la piel translúcida,
no le cierres la puerta, no le cierres
la ventana a los pájaros de agua
ni el alma a las armónicas de agua
ni el curso a los infantes de las aguas,
vuela en el blanco acorde
de la sarga, el espino, los manzanos
y tus sueños de ayer, mira que avanzan
tus hijos y tus nietos por la senda
que antes llevaba a las ruinas y hoy
los acerca a las aguas soñaderas
por donde el verbo en la esperanza afluye.

(Antonio Carvajal. Un girasol flotante.
Premio Nacional de Poesía 2012.
Oviedo, KRK ediciones, 2011).