jueves, 18 de octubre de 2012

Paseo de los Tristes

Hoy sabe que te amo el Paseo de los Tristes.
Bosquecillo y ventorro que descendéis al río
en un dédalo amargo de suspiros y besos:
bien habéis desplomado mi inútil alegría
encendiéndome solo con vuestro olor el suyo.
Pues Granada, que suele demorar las promesas
y abrir a los amantes sus salones de olvido,
Granada del deleite fácil de las afueras,
en el umbral me deja de los amenazado;
y una luna de polvo solitaria en la Alhambra
copia en los ajimeres mi pena y tu memoria.
Las tapias de la cuesta del Chapiz se enrojecen
de imprevistos abrazos, de fáciles deseos.
Un alumno que baja tarde del Sacromonte
pretexta al verme solo encender un pitillo.
Y hay algo que en el puente de Aben Rasik me ata
a ti, tú la más triste entre todas las plazas.
Fuente de la rotonda, aluvión de ceniza,
rojas torres que visteis mi amor entre arrayanes,
iglesias coronadas por veletas y esferas,
fósforos tentadores de “El Rey Chico” en la noche:
mi pabellón de muerte os hará compañía.
Y cuando de la Audiencia los gallos a la aurora
con su timbren ensombrezcan la cuesta de Gomérez,
mis ojos encendidos quedarán como lunas
marmóreas junto a ti pensando, oh triste plaza.
Y un perro inagotable las ladrará hasta siempre
en el pálido y lento callejón de los días.
(Vicente Núñez. Los días terrestres. Madrid, Rialp, 1957)