jueves, 16 de junio de 2011

Tres poemas del emperrado corazón que amora de Juan Gelmán


QUÉ

Los que son
en un pedazo de silencio,
ésos palabran de verdad.
No hablan, dicen, la noche
pasa por el aujero de su aguja
rápida como un golpe.
Su preguntón no va al círculo de lo sabido.
Tienen amores diversos, hermosuras
tendidas a los vientos.
La existencia y la inexistencia de
las cosas doran sus preguntas.
Arde la tribu de caminos
que no recorrerán.

MIL

En la soledad de ella
me acompaña en días sin rostro conocido,
esperan su visita siempre.
Caminar por el borde
de su constelación es instrumento
de un amor que no supo.
El tiempo no resuelve nada, madre,
ahí estamos, vos allí, yo
huyo en silencio
de lo que no te pude dar cuando
las lágrimas lavaban tus mejillas.
Las batas del verano ciñeron
tus olvidos de vos, otras tierras.
Qué hermosa eras en tu desolación,
te parecías a
la palabra que no alcanzo a decir,
la línea negra de la pureza
que nadie sabe cruzar.

DIVERGENCIAS

Una palabra cualquiera
no es una palabra cualquiera,
no se parece al cuerpo que la dijo,
no tiene manos, ni pies, ni amora
como un mortal. Lo que nombra
tiene mares que llevan lejos.
A su casa todos pueden entrar
y su tiempo no cesa
en cada boca. Espera
viajes por el agua oscura que
lleva tu nombre.

(Juan Gelmán. El emperrado corazón amora.
Barcelona, Tusquets Editores, Col. Marginales 268 –
Nuevos Textos Sagrados, 2011).

LA PALABRA NO TIENE HOSPITALES
QUE LE CUREN EL MUNDO