jueves, 19 de noviembre de 2009

Sufriendo



El sufrimiento humano no tiene límite. Cuando se piensa: “Ahora he tocado el fondo del mar, ahora ya no es posible descender más”, sí se desciende. Y así para siempre. (…) El sufrimiento no tiene límites, es la eternidad. Una punzada es tormento eterno. El sufrimiento físico es…juego de niños. ¡Se puedo uno reír y tener el pecho aplastado por una piedra inmensa!

No quiero morir sin dejar rastro de mi convicción de que el sufrimiento se puede vencer. Porque lo creo firmemente. ¿Qué es lo que hay que hacer? No es cuestión de lo que puede definirse como “ir más allá”. Eso es falso.

Uno debe rendirse. Uno no debe oponer resistencia sino asumirlo. Dejarse inundar. Convertirlo en parte de la vida.

Todo lo que verdaderamente aceptamos en la vida experimenta un cambio. Y el sufrimiento debe convertirse en amor. Ese es el misterio. Eso es lo que tengo que hacer. Debo pasar del amor personal a un amor mayor. Debo entregar a la totalidad de la vida lo que entregué a uno. La agonía presente pasará, si no mata. No durará. Ahora soy como un hombre al que le han arrancado el corazón pero ¡lo resiste, lo resiste! Así en lo espiritual, como en lo físico: el dolor no dura siempre. Solo que ahora es tan terriblemente agudo… es como si hubiera ocurrido un accidente espantoso. Si soy capaz de dejar de volverlo a pensar, me haré más fuerte. (…)

La vida es un misterio. El dolor insoportable se irá amortiguando. Tengo que volver a trabajar. Tengo que depositar mi agonía en algo, cambiarla. “La pena se transformará en alegría”.

Se trata de perderse uno mismo del todo, amar con más intensidad, sentirse parte de la vida; no aparte.
¡Oh vida! Acéptame, hazme más valiosa, enséñame.

Escribo estas palabras. Levanto la vista. Las hojas se mueven en el jardín, el cielo está pálido y me sorprendo a mí misma llorando. Es difícil; es difícil conseguir una buena muerte…

Vivir, vivir, eso es todo. (…)
19-12-1920
(Katherine Mansfield. Diario. Prólogo de Virginia Woolf.
Traducción de Aránzazu Usandizaga. Barcelona, Mondadori, 2008.
Retrato de Katherine Mansfield, por Anne Estelle Rice/ Museum of
New Zealand Te Papa Tongarewa, Wellington, 1918).