jueves, 24 de julio de 2008

Un poema de Lucía Boscá

No hay, hoy, lluvia de agujas ni / agua sabor canela / resbalando los oscuros árboles, / que un día fueron testigos de tus raíces . // esta madrugada no hay hierro / en mis cuerdas vocales, no hay rocío / estancado / en las pestañas. // pero a estas horas las escaleras son todavía negras / y de caracol, / las ven mis toes desnudos / que recorren suavemente las aristas / para saber dónde acaba un escalón, / dónde empezará el siguiente. // y entre cuatro paredes / la luz / es artificial, / no hay lluvia de agujas pero el techo se deshace / al pronunciar tu nombre. // y por eso callo y pienso en Vallejo, / rememoro mi jueves lluvioso y le confieso / que esta madrugada, / más que otra, / echo en falta / la lluvia roja apagando mi cuerpo y / los párpados heridos de un día / que no cabe en el calendario. // y no hago más / que recordar tu muerte: / solo y vencido preguntándote / por qué / no, / mientras yo, sudando / afónica entre otras líneas, / extranjera a esas caricias, / en el éxtasis del no-tú, / sentiré tu despedida. // y será más fuerte que dos torres reducidas a / sangre y cenizas. // retorcerás tu pregunta / imantándome desde la distancia / y todos los pronombres / y los artículos / volverán a ser definidos / mientras tú, / llamándome, / te entregas, / definitivamente, / al único vocablo capaz de negarnos. // y después / habrá lluvia de agujas afiladas / sobre mis pechos, no habrá dedal. // habrá agua sabor vainilla / perfilando blancos los cipreses, / habrá raíces en forma de versos, / -los tuyos- / y plomo / y una garganta irritada de tanto olvido. // habrá / entonces / libertad para señalarte.