viernes, 25 de julio de 2008

Dádiva

Un día muy feliz.
La niebla se levantó pronto, trabajé en el jardín.
Los colibrís se demoraban sobre las madreselvas.
No había cosa en la tierra que yo deseara poseer.
Sabía que no merecía la pena que envidiase a nadie.
Cualquier mal que hubiera sufrido, lo olvidé.
Pensar que una vez fui el mismo hombre no me molestaba.
En el cuerpo no sentía dolor.
Cuando me estiré, vi el mar azul y velas.
(Poema de Czeslaw Milosz que Raymond
Carver incluye en Un sendero nuevo a la cascada.
Últimos poemas. Introducción de Tess Gallagher;
traducción de Mariano Antolín Rato. Madrid, Visor, 2001).