jueves, 22 de mayo de 2008

El desdichado


Se cumplen hoy dos siglos

del nacimiento en París
de Gérard de Nerval
Yo soy el tenebroso, el viudo, el desolado,
príncipe de Aquitania de la torre abolida.
Murió mi única estrella, mi laúd constelado
ostenta el negro sol de la melancolía.
Tú que en la noche fúnebre me diste tu consuelo,

devuélveme el Posílipo y aquella mar de Italia,
la flor que tanto amaba mi devastado espíritu,
la parra donde el pámpano a la rosa se alía.
¿Soy Amor o soy Febo? ¿Lusignan o Biron?
Mi frente aún está roja del beso de la reina.
Soñé en la gruta donde la sirena se baña.
Y, vencedor dos veces, traspasé el Aqueronte,
modulando por turno en la lira de Orfeo
las ansias de la santa y los gritos del hada.
(De las numerosas versiones castellanas de este poema --estupenda la reciente de Tomás Segovia-- incluyo la traducción de Luís Alberto de Cuenca, que fue la primera que leí --en el año 89, tal vez en el 90 ó 91 -- en uno de los números de la para mí inolvidable revista Poesía, junto a los otros once sonetos que componen Las quimeras --publicado en 1854, pocos meses antes de que Nerval se ahorcara de una fría farora parisina en la calle Vielle Lanterne)