lunes, 6 de abril de 2026

Lunes de Pascua

Pasear durante una hora deseando ver amanecer.

Desayunar café con leche y unas tostadas con mermelada

de melocotón y arándanos, mientras contemplo el amanecer.

Echar cuentas de los meses que llevo sin fumarme un cigarrillo.

Soñar que soy un fumador de opio en el Londres de 1900 y que

puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Pasarme horas releyendo 2666 de Roberto Bolaño

y redescubrir a un narrador absolutamente prodigioso.

Estrenar una pluma que me regalaron hace mil años

–antes de ayer compré cartuchos de tinta- y en un papelico

que andaba por ahí escribir “Te quiero” y firmar como Fernando.

Unos spaguetti al pomodoro que me han recordado a La Mancha.

Ver otra vez Toro salvaje de Scorsese y quedarme noqueado.

La versión que Julian Lage hace de la canción I´II Be Seeing You

que Billie Holiday hizo suya, y que he escuchado un millón de veces.

Pensar que Billie Holiday podría haber sido el amor de mi vida.

(Daría mi vida entera por haber podido estrechar su mano;

necesitaría otra vida entera para poder mirarle a los ojos).

Asearme, afeitarme, perfumarme, trajearme, limarme las uñas:

esta tarde voy a comerme la última naranja de la temporada.

Bajar la basura y coincidir y conversar con una vecina.

Cenar pan con tomate y con jamón del bueno y con aceite de oliva.

Meterme en la cama, arroparme, apagar la luz, tener miedo,

sentirme solo, y de pronto darme cuenta de que mis piernas

y los dedos de mis pies se mueven como cuando era un niño.

Ver los ojos rebosantes de bondad y de ternura de mi abuelo José.

Contarme un cuento. Jugar con las palabras. Morirme de risa.

Llegar a la conclusión irrefutable y extrañamente hermosa

de que el mundo y la vida y yo mismo somos una pura tontería.

(Fotografía de Hannes Caspar)

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