Que nadie toque este amor.
Que todos ignoren el sigilo de nuestro cielo nocturno
y el secreto sea el aire dichoso de nuestros plácidos
suspiros.
Que ningún extraño contamine el sueño tuyo y el mío:
cualquier visitante es un invasor en el tibio ámbito donde
habitamos;
aquí el tiempo es agua fresca en movimiento, apenas sutil
vuelo,
y todas las gentes viven muy lejos de nuestro jardín
alucinado,
ajenos a nuestro paraíso secreto.
(Darío Jaramillo Agudelo. Poemas de amor.
Colombia, El Áncora Editores, 1986)
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