sábado, 28 de febrero de 2015

Súplica a mi madre


È difficile dire con parole di figlio
ciò a cui nel cuore ben poco assomiglio
(Pier Paolo Pasolini)

Yo sí me he sentido hijo, el hijo por excelencia, único
protegido, amado, custodiado, reprimido, adorado, inexacto…

Y claro que tú has sido, madre, el único amor de mi vida.
Por ti se hicieron imposibles las grutas de ningún otro amor.

De tu gracia nacería mi angustia, y afuera se doraban
las espaldas y los sexos y los sedosos cabellos de belleza y bellos;

fuera, porque ellos eran hermosura y sexo, pero tú, querida mía,
tú sola, única, excelsa, el reino sublime y terrible del amor.

Ahora sé que debí tener otros amores, que los necesitaba,
pero es tarde acaso, tú lo gobernabas todo con esplendorosa rigidez.

Y no he podido, madre, o no he sabido. Soy un niño que llora
a ratos. Tu amor perfecto ha sido mi perfecta, dulce esclavitud.

Tu amor me protegía y me llenaba de miedo, de pavor
incluso: La irremediable desdicha de perder tu protección.

Ahora debiéramos ser libres, madre, ahora que tú eres vieja
y casi yo también. ¡Qué tarde todo, cuánto fracaso en nos!

Pero asimismo cuánta maravilla en el horror, y no
hablo de cuerpos gráciles, entregados a la dicha juvenil…

Sobrevivimos: no somos nada el uno sin el otro.
Falte quien falte, al final, nos necesitaremos los dos.

Hemos hecho otro mundo, otro amor imperfecto y grande.
Estoy aquí, solo, contigo, en un futuro  y florido abril…