domingo, 7 de diciembre de 2014

Cuatro poemas de Ilhan Berk


I

Oscuridad del sábado

Caminaremos durante un milenio
Saldremos primero a una calle

Un genovés me traerá noticias tuyas
Te esperaré desnudo

Nos ven desde Santa Sofía
No hay nadie que no nos vea

La oscuridad del sábado
Mira fijamente la iglesia polaca

Hemos esperado durante un milenio
Por primera vez estamos juntos en un poema

Dejando sus prendas a la noche 
Correrán con nuestras noticias al sultán Mehmet

No puedo decir espero verte de nuevo
Pues nunca más podríamos volver a vernos.

II

Soneto

Los soles, ella lo es todo de todo, yo estaba parado en un mar.
En la luciente aurora, como Menelao, me levanté
Y ahora reino de modo soberano en un país nuevo.
Al divisar tu cara me torno blanco como una rosa.
Tal vez nos hallábamos en los cielos de los primeros días
Donde una nube y un viejo galeón chocaron.
Una mañana absorbí el mundo con una honda mirada:
Hasta el aliento de los potros mi oscuro rostro se deslizó.
Por aquel entonces, en Troya tu belleza era única.
Cuando arrastraron el océano a tu lado.
Una vez más, como la aurora, brilló tu belleza:
Ahora mis rayos de sol caerán para llevarte a horcajadas.
Mi aliento de clavel dejaste atrás sin poder verlo.
Y sin embargo con una mirada me hubieras hecho hermoso.

III

Murallas

Sois de estirpe real
Yo nada sé de imperios.
Un día nos daremos cuenta de que estamos en los bazares
En los bazares Constantino VI, la mano de San León, las sandalias de
Cristo esa cara suya de no sé qué en los bazares
Delante de las casas el obelisco godo, los soles del Monasterio de
Balikli delante de las casas
Estambul no había caído aún se freía muy buen pescado
No había modo de que Estambul cayera.

Retiramos de la circulación todas las monedas acuñadas con nuestro
nombre no acuñamos monedas nunca más
No aceptamos ni los medallones de Beato Majano ni los de Paolo
Bellini, los rechazamos todos
No necesitamos para nada las murallas nadie las necesita
Miren eso sí que es cierto nadie necesita una cosa así
Vuestros antepasados no se quedaron cortos a la hora de levantar murallas
No bastaba nuestra infelicidad.

Estambul no volverá a verme nunca más.

IV

Nuca vi tales amores ni tales separaciones

Siempre que pienso en ti
Una gacela se inclina a beber agua
Y yo ensancho los prados

Contigo cada noche
Una aceituna verde
Y un pedazo de mar azul
Llévame contigo

Cada vez que te sueño
Planto rosas donde mi mano toca
Doy agua a los caballos
Y me enamoro aún más de las montañas

(Ilhan Berk. Mar de Galilea. Traducción de Clara Janés y Çagla Soykan. Madrid, Ediciones del Oriente y el Mediterráneo, 2005)