martes, 11 de noviembre de 2014

Seré fuego


Perdóname, pero en adelante habría sido todavía peor. Estoy gravemente enferma, esto ya no soy yo. Te amo enloquecidamente. Entiende que no podía seguir viviendo. A papá y a Alia diles –si los ves— que los amé hasta el último minuto y explícales que caí en un callejón sin salida.

(Marina Tsvietáieva, en su última carta, dirigida a Gueorgui Efrón, “Murlyga”, su hijo. Confesiones. Vivir en el fuego. Presentado por Tzvetan Todorov. Traducción de Selma Ancira. Barcelona, Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores, 2008)

No hay vida que hubiera podido soportar mi presencia.
(Marina Tsvetáieva)