martes, 22 de julio de 2014

Liber


Hay que vivir un gran amor, todos los días,
el mismo, nuevo, diferente, como nunca, tal vez;
muchos besos dan vigor al cuerpo y mantienen despierto.
Si el amor no llama por teléfono, hay que buscarlo,
ir a despertar su deseo, hacerle cosquillas en la oreja,
emborracharlo de vigilias, llenarlo de mermelada.
Hay que olvidar a la policía y hacer el amor
en las calles más transitadas, en los parques
y en las casas decentes del mundo que es nuestro;
porque un gran amor no es un código
ni un semáforo prudente que se prende y se apaga
ni el decoro que quiere nuestra tía la ricachona.
Hay que estar listos para romper los límites,
para entregar lo bueno y lo malo de nuestros cuerpos.
Un gran amor todos los días, hay que vivir sin reglas,
en hoteles o en antros, en la tina o en la escuela,
como las ardillas del norte, que pasan una hora
recogiendo nueces para dedicar semanas a sus juegos.
Gozar y ahora, antes que la ciudad nos trague
y el tiempo impida. Diversión y subversión, aquí
brotando de la gris cultura, naciendo del orden imperfecto.
Y no ser la resaca de la televisión
y no ser el sueño de humo que quiere convencernos.

(Mariano Flores Castro. El arte de un día difícil.
Gobierno del Estado de Tamaulipas/ INBA/CNCA, Nuestras Escrituras, 1991)