miércoles, 19 de diciembre de 2012

Tres poemas de Zbigniew Herbert


I
Escogidos por las estrellas
No es un ángel
es un poet
no tiene alas
tiene tan solo emplumada
la mano derecha
aletea con esa mano en el aire
se eleva tres pulgadas
y enseguida desciende otra vez
cuando ya está tocando el suelo
rebota con sus piernas
y por un instante se queda suspendido en lo alto
agitando su mano emplumada
ay si fuera posible desprenderse de la atracción de la arcilla
podría instalarse en un nido de estrellas
podría saltar de un rayo al otro
podría--
pero las estrellas
con solo pensar que
pudieran convertirse en su tierra
se precipitan aterradas
el poeta tapa sus ojos
con la mano emplumada
ya no sueña con el vuelo
sino con una caída
que va trazando como un relámpago
los perfiles del infinito
II
Ruego
Enséñanos también a plegar nuestros dedos
y apuntalar las puertas al otro lado
de las habitaciones del ya vano amor
que cuando haga falta sea un puño
aquello que tanto soñaba con la felicidad
y protegía una llamita débil
y después una vez terminada la lucha
déjanos estirar los dedos
aunque solamente haya vacío
cuando en tu mano abierta tomes la derrota
cuando la calavera tomes en tus dedos tiernos
y volverá entonces a empezar
la gran causa de las manos abiertas
el viaje por las cuerdas por las diversiones
la última semilla de la salvación
III
Abandonado
1
No llegue a tiempo
del último transporte
me quedé en una ciudad
que ya no es ciudad
no hay
prisiones
relojes
agua
disfruto
de unas soberbias vacaciones
extemporáneas
realizo largas excursiones
a lo largo de las avenidas de casas quemadas
avenidas de azúcar
de vidrios rotos
de arroz
sería capaz de redactar un tratado
sobre la súbita mutación
de la vida en arqueología
2
hay un enorme silencio
a la artillería de los suburbios
se le atragantó su propio valor
alguna vez
se oye tan solo
la campana murallas que se derrumban
y el leve tronar
de planchas que el aire balancea
hay un enorme silencio
antes de la noche de los depredadores
a veces
en el cielo aparece
un absurdo aeroplano
que lanza octavillas
incitando a la rendición
de buena gana me entregaría
pero no tengo a quién
3
ahora vivo
en el mejor hotel
el portero asesinado
sigue en su puesto en recepción
desde una colina de escombros
paso directamente
al primer piso
a los apartamentos
de la ex amante
del ex del jefe de policía
duermo sobre una sábana de periódicos
me cubro con un cartel
anunciador de la victoria final
en el bar quedaron
remedios para la soledad
botellas con un líquido amarillento
y una etiqueta simbólica
--Johnnie
levantando su sombrero de copa
se aleja raudo hacia Occidente
a nadie guardo rencor
por haber quedado abandonado
me faltó suerte y destreza
la bombilla
del techo
recuerda a una calavera boca abajo
espero a los vencedores
bebo por los caídos
bebo por los desertores
me deshice
de los malos pensamientos
me abandonó incluso
el presentimiento de la muerte
(Zbigniew Herbert. Poesía completa.
Versión, prólogo y notas de Xaverio Ballester.
Barcelona, Editorial Lumen, 2012).