miércoles, 18 de julio de 2012

Algunas luminarias de Miguel Ángel Curiel


9

Mi casa debería estar vacía, y yo vacío. Casas vacías y hombres llenos. Al revés, casas llenas y hombres vacíos. Un espacio vacío para la vida. Grandes ventanas dando a espacios amplios y paisajes limpios. La poesía siempre se da a media altura. Allí donde suelen estar los pájaros se dirimen los asuntos de la tierra y el cielo. Una casa vacía para que pueda entrar la luz de la poesía. Un hombre vacío.

14

Por las sombras no podía distinguir al rey del súbdito. Por las palabras en la intimidad tampoco. La luz nos iguala.

31

Buen tiempo. Le escribo al sol en una mesa de madera blanca a la sombra de la higuera. Escribo en la luz y la luz no permite que vea las palabras que estoy escribiendo. Escribir a ciegas. Cuando al rato lo vuelves a leer, favorecido por una ligera sombra, dices, me faltó claridad. Faltó expresarlo todo de manera más clara, y sabes que no lo puedes romper.

44

A veces oír la palabra agua da sed. Ver el vaso lleno de agua da sed. Da sed pensar en el agua.

66

La enfermedad es importante en la escritura, lo llena todo de silencio, de un espacio verdadero de dolor. Las palabras de la enfermedad parecen las últimas. No hay espacio más radical y verdadero. No se juega con el lenguaje, con las palabras. Estas llegan del centro del dolor y la luz de la enfermedad. No se enzarzan en la doblez, no promulgan, no educan, no interfieren, sólo son una parte más del dolor, y esta, la enfermedad como motor de creación, que incapacita al poeta en su universo de belleza, le da alas y energía para los últimos poemas.

97

Escribir para vaciarse. Así entra más luz. Un ejercicio austero. Decir, no describir.

158

Peregrinación a la tumba de un poeta. No decir nada. Escuchar sólo el silencio. Se hace denso, casi insoportable. Si lo resistes, si resistes ese silencio del poeta. Es igual al silencio de la nieve. Los dos se derriten.

182

Dios creando lenguaje, el poeta destruyéndolo. Jugar con el lenguaje ya creado, ser un virtuoso en ese juego no es misión del poeta. El explorador de silencios, el que debe adentrarse en la nada más absoluta y volver a salir a la realidad. Demasiadas veces se pierde dentro y no consigue dar con la salida.

188

Generar luz, que esa fuera mi poesía. Una fuente generadora de luz.

200

Demasiada lucidez en la desolación. Un hombre oscuramente lúcido. Incapaz de ser atravesado ya por la alegría.

214

Es hora de encender la luz de la casa, de recoger el mundo en un pequeño espacio, y de hablar con los que están lejos. Es una oscuridad humana, y sin embargo es la misma e inmensa oscuridad del mundo. Una pequeña oscuridad para cada uno.

242

Todo náufrago es finalmente un poeta, un hombre renacido que comprende las sustancias de la inmensidad y de las fuerzas de la naturaleza. Puede hablar con el cielo aunque no haya dioses, sublimar esta falta, esa ausencia con lenguaje absoluto. Un poema sobre la nada lleno de palabras.

252

Un niño que en el día de mi muerte lleve en la mano la ceniza de mis palabras, me abra la boca y allí la vierta. Un niño que ese día juegue con la vida. Un día de sol.

(Miguel Ángel Curiel. Luminarias. (Cuaderno de Roma).
Prólogo de Rafael Escobar Sánchez. Madrid, Amargord, 2011).