martes, 27 de marzo de 2012

Tres poemas de Franz Baermann Steiner


Almenas

Mi mirador está anclado en nubes de copas en flor:
la calle, llena de sol; en la luz, oigo un alegre martilleo;
tal vez ahora los niños estén plantando pequeñas banderas tableteantes
en el dorado terraplén de arena y una tímida jovencita lleve violetas.

Que la primavera se presenta de repente se afirma a menudo;
que hay verdades confunde a la oración.
A grandes zancadas, atravesé ayer el campo, sobre tierra húmeda caminé,
creí saber por qué me va a cubrir;
hoy mi corazón vuelve a pender de un estremecedor deseo.

Ante lo desconocido violenta brilla la raya del cielo.
Agotados están los límites: ni uno solo que me haya concernido jamás.
Eso es lo único seguro: en tus manos, en tus…

Los últimos años del poeta

En mis versos ahora
mi propia voz escucho algunas cuantas veces:
golpe de aliento y miedo, paciencia ponderante.

Las provisiones no son suficientes.
Así que he desgastado los disfraces,
y esa verdad es un mérito que no me pertenece.

Pero, venga lo que venga, las provisiones no son suficientes.
Lo que quiera que venga, disocia.
Así que, a través de la propia palabra, vienen, disociaciones.

A través de la propia voz vienen
aliento y miedo y la no alimentada
paciencia prodigiosa de la voz.

La verdad

Estar de pie delante de cascadas, salpicado hasta en las rodillas
y, en la mirada, los pájaros, que ninguna urgencia logra explicar:
ni ésta ni el latido del corazón.

Y la voz que resonaba
era voz procedente de las fauces abiertas de la tierra,
por eso, como un inmenso bosque, se estremecía el pasado.
Pero el presentimiento hacia los puros planea:
un destello fugaz a la altura de la cabeza.

Y la luz que baña el peso es la blanca separación
entre los designios de los superiores y el espumeante
poder de la creación.

Y es la separación y obra de caridad y júbilo.
Y es la obra de caridad y el júbilo que acaece.
Y es la separación y el júbilo que envuelve.

Oh luz así.
Envuelve también la mirada en la totalidad de la separación,
la mirada favorable y la desfavorable, según la especie de totalidad,
envuélvela por la misericordia de la totalidad,
a la mirada que nada logra explicar,
a la mirada que nada logra adivinar.
Ni ésta ni el latido del corazón.

(Franz Baermann Steiner. Poemas selectos.
Selección y traducción de Elsa Fernández-Palacios.
Prólogo de Jaime Siles. Valencia, Pre-Textos, 2012.
La ciudad de Praga en la imagen).