viernes, 17 de febrero de 2012

El guardián de lo pequeño


Franz Kafka aseguraba que hay esperanza,
mucha, una infinita esperanza: sólo que no
para nosotros. Walter Benjamin afirmaba que
sólo nos es dada la esperanza por los privados
de cualquier esperanza. ¿Y usted qué opina?

A todos los que queréis estrechar la vida,
recortar la vida, cercenarle los arcos a la vida,
arriar las velas rojas del galeón fantasma,
sacar del agua a los caballos: os digo que seréis derrotados.

No por la fuerza senescente de los escarnecidos,
no por el septentrión ingenuo de los adoradores,
ni por los masacrados molinos de la generosidad.
Sino por los malentendidos que creeréis haber desentrañado,

las paradojas que torcerán las herramientas de la maldad,
las minucias que dejaréis a vuestra espalda
y resultarán ser –no sé por qué os sorprende—
las alamedas tan flexibles de la resistencia.

¿Esperanza
vestigial, residual? No sabéis
lo que es la esperanza.
Esa fue siempre toda la esperanza.

¿Perdimos la cabeza? Conservamos la voz.
De un solo grano se yergue la voz toda.
Y una voz vale la ausencia de cabeza
si en alta mar peligran las columnas del mundo.

(Jorge Riechmann. La estación vacía.
Valencia, Germania, 2000)