domingo, 29 de mayo de 2011

Invocación

(Nacimiento del Río Cuervo, en la Muela de San Felipe,
en las proximidades de Vega del Codorno, Cuenca)

Cúmplase en mí la profecía del agua.
Eres, alma vegetal, el vaso de la vida,
el hervor dulce y terrible de la ebriedad
que entra en el sueño y en la corteza
graba alfileres de dicha,
brevísimos alfileres mudos
como el amanecer: un instante de luz tibia
en que principia el mundo y la brasa
encendida del corazón se hace trigo.

Hágase en mi carne la profecía del agua.
Tú, que has sido joven, que tu cuerpo
fuera torre o campana
y conociste espina y rosa
y por igual
te adentraste en la espesura y en lo bruno,
a ti te invoco
desde el manantial del tiempo,
ascendiendo los jardines del agua,
libando, solo, el día.
Por no morir de frío
bajo este ramaje
huérfano.

(Francisco Mora. Memoria del silencio. Cuenca, El Toro de Barro, 1999. Vid. Palabras para conjugar tu nombre. Madrid, Ex Libris Ediciones, 2009)

Yo soy un río con un hombre dentro
quiero decir un río que fluye
tras su antifaz de hombre
y no hay en los márgenes junco
que me valga
ni agua bastante en el río
que me sacie.