sábado, 26 de marzo de 2011

En un lugar de La Mancha, que puede ser Nueva York, con Dionisio Cañas


ENCRUCIJADA

En Manhattan amé a un vagabundo. En Tomelloso una idea platónica me hizo beber vino hasta el amanecer. Después, reflexionar se me convirtió en un vino amargo. ¿Detener la vida para caer herido y desnudo en los brazos de la propia infancia? Esta no era la respuesta. Y como una ardilla en el otoño, una melancolía, que desaparece, asustada, en el bosque de los inolvidables humanos llegué a esta encrucijada. Era de noche y me encontraba en el mismo lugar de donde había salido. En la oscuridad hablaban tambores africanos y tú no estabas. Yo, que en Nueva York había aprendido a imitar la lentitud de los caracoles, su silencioso caminar a ninguna parte, me llené de palabras inútiles, me paseé con Cioran por los escombros de la lengua, por los desfiladeros del miedo, pensando que algún día volvería a encontrarme en este lugar, isla, espacio hueco, cúpula de piedra, vacío en el que pongo unas cuantas palabras.

RARO AMOR

Y aunque el mundo fuera sólo una máscara
amo este amanecer
gris de invierno sobre los parques
que contigo miraré verdes
cuando ya el más cruel de los meses
haya volado sobre la isla de Manhattan

De los pasados fríos arranco imágenes
que quiero venideras aunque sea
para engañarme con el pensamiento
y detener tu fuga en un instante

El muchacho que te mira y te despierta
el sueño de esta noche de invierno
la perezosa despedida de la primavera
y el deseo de pedirte
aunque sólo seamos una máscara
del amor
que juntos recibamos el verano

VIEJO LLORANDO

Sobre un dibujo de Van Gogh

Tengo miedo. Tengo paciencia de elefante y mirada de rapaz. Tengo angustia y vértigo de todo. Cómo deciros que padezco de vivir, de ser cuerpo frágil, hoja seca que sufre su caída, rabia de perro sólo apaleado. Tengo huecos en el alma por ser hombre o proyecto de ataúd, por ser una fecha en un papel, por sentir un absurdo consuelo en la existencia. Me llamo dionisio por engaños, por trajines de tratantes de vida, por noches de oscuro semen, por ignorantes ojos juveniles que ante el lecho afirman que se aman, para ahora darme derecho a esta camisa, a este desayuno, a estas cuantas palabras…

(Y el hombre viejo está llorando, como un espejo en el cual no quisiera mirarme.)

(Dionisio Cañas. Lugar. Antología y nuevos poemas.
Selección, prólogo y epílogo de Manuel Juliá.
Madrid, Ediciones Hiperión, Col. Poesía, nº 601, 2010)

(Notas a vuelapluma sobre Dionisio Cañas (para mi amigo Pablo Ramírez Perona, en cuyos dominios temolloseros celebré mi trigésimo-tercero cumpleaños):

Dionisio Cañas, siempre entre la vanguardia y la tradición, ha explorado, profundizado y ensanchado las posibilidades formales de la poesía, no limitándola exclusivamente al ámbito de la literatura o la palabra escrita sino realizándola también en los medios audiovisuales, mediante performances, el video-arte, el poema objeto y la poesía en imágenes.

Poeta y artista que, en su faceta de profesor y estudioso, ha sabido reflexionar admirablemente sobre el arte de la poesía y la experiencia artística en ensayos, artículos, y libros como Poesía y percepción (Madrid, Hiperión, 1984) y El poeta y la ciudad: Nueva York y los escritores hispanos (Madrid, Cátedra, 1994).

En su larga estancia neoyorquina fue uno de los mejores embajadores de la cultura y la poesía hispánicas (fundamentalmente española) en la ciudad norteamericana. Por su casa de Nueva York pasaron algunos de los mejores poetas, escritores y artistas españoles del siglo XX.

José Hierro, por ejemplo, le dedicó al poeta de Tomelloso su último e imprescindible poemario Cuaderno de Nuevo York (Madrid, Hiperión, 1998).

Huelga decir que entre los escritores, artistas o personajes de la cultura que pasaron por el Nueva York de Dinisio Cañas también los hubo castellano-manchegos.

Estos y otros tantos motivos hacen que Dionisio Cañas sea una de las personalidades de mayor relevancia de la reciente crónica artística y cultural de la España contemporánea.)