lunes, 27 de diciembre de 2010

Miss Lonelyhearts


Miss Lonelyhearts dejó de escucharles. Sus amigos seguirían contando historias así hasta que estuvieran tan borrachos que no pudieran hablar. Se sentían infantiles, pero no conocían otra forma de vengarse. En la universidad y tal vez un año después creyeron en la literatura y en la belleza y en la expresión personal como un fin absoluto. Al perder esta creencia lo habían perdido todo. Ni el dinero ni la fama significaban nada para ellos. No eran hombres de mundo.

(Nathanael West. Miss Lonelyhearts.
Traducción de Javier Alfaya y Barbara McShane.
Madrid, Espasa Calpe, 2002)