viernes, 15 de octubre de 2010

Cumbre del corazón


Todo mi corazón cabe en tu mano
y en este corazón ya cupo el mundo:
el mundo que no cabe en parte alguna,
salvo en tu mano dios, la continente.

Todo mi corazón late en tu mano.
Se marcha por el tacto hacia las cosas,
se adueña de tu mundo, que es el mío,
para llamarse entonces mundo nuestro,
lo solo para dos, lo contenido.

Todo mi corazón sabe en tu mano,
conoce por tu piel la piel del mundo,
que nunca nos contiene en cuanto somos,
algo que sólo puede el corazón.

Todo mi corazón crece en tu mano,
que lo eleva a la altura tuya y mía,
nuestra cumbre mejor, los contendientes.

Todo mi corazón lee en tu mano
las líneas que tu mano ha dibujado,
para que el corazón, su gran cartógrafo,
se remonte a las fuentes, trazo a trazo.

Todo mi corazón canta en tu mano,
se hace rima de todo cuanto escuchas,
y tú lo escuchas todo,
                                                         y todo canta.

Todo mi corazón sangra en tu mano,
se purga con dolor de un mundo enfermo,
se purifica en ti,
                                                y tú lo sanas.

Todo mi corazón es, en tu mano,
la mano que ahora escribe este dictado
que dicta el corazón incontinente.

Mi tuyo corazón ya no es el mío,
mi tuyo corazón arrebatado,
la propiedad privada de tu mano.

Nada de cuanto he escrito lo he entendido.
Nada sabe de ti la inteligencia.
Tampoco el corazón,
                                                       y sabe todo.

(Carlos Marzal. Ánima mía.
Barcelona, Tusquets, 2009)