viernes, 30 de octubre de 2009

Halloween

EN EL TRASTERO de casa encontré esta máscara de hombre lobo que tanta sensación ha causado en la fiesta. Fue ponérmela y sentirme con fuerzas de bailar hasta el alba como una criatura endemoniada en noche de brujas.
Las chicas no saben quién soy y me miran con deseo, como si algo indescifrable excitara a las lobas que llevan dentro. Yo gruño y las olisqueo por el cuello y los escotes, y ellas se entregan y se refriegan contra mi cuerpo, sensuales como hembras en celo. Ya he perdido la cuenta de las que me he cepillado en el coche.
Vuelvo a la fiesta y elijo a mi próxima presa: esa rubia disfrazada de Campanilla que ya se me acerca pellizcándose los pezones. No he tenido que bailar para traérmela al coche y apenas ha gritado. No era rubia.

ERA DELGADA y tenía el pelo blanco y largo como una actríz gótica. Yo sólo quería verla de nuevo y por eso le presté mi casaca. Para tener una excusa y poder ir a su casa esta mañana.
La madre se ha puesto a llorar y me jura que su hija ha muerto hace años. Como no le he creído me ha llevado hasta su tumba y allí estaba ella, blanca como una azucena y con mi casaca negra sobre los brazos abiertos. Parecían alas.
He querido abrazarla y la madre me ha sujetado con fuerza. Ella corre hacia mí. No sé quién me ha mordido primero.
(Fernando Iwasaki. Ajuar funerario.
Madrid, Páginas de Espuma, 2004.
Fotograma del Drácula de 1931 de Tod Browning:
Béla Lugosi / Drácula y Mina / Hellen Chandler).
Que tengáis una feliz día de Todos los Santos,
y cuidadito, que la noche está llena de hombres lobo
danzantes y de chicas vampíricas que hacen auto-
stop o se acodan junto a ti en cualquier barra.