viernes, 27 de marzo de 2009

Auto de fe




Escucha
mira
palpa
el crepitar el humo el rojo
abierto
en la alfombra púrpura de brasas

atrévete / atraviesa / imprime

tu planta y
traga
el hilo salobre de tu lágrima

porque ya estás en el umbral del miedo
y entre su remolino te ves entreverado

avanza 
estás dentro del fuego 
mientras el viento te arroja a sus hogueras 
mientras los otros te miran asombrados

los que nunca
escucharon
la mano
desplegarse
en un bosque humedecido de caricias
cuando chispea el carbón de la mandrágora

los que nunca
admiraron

la campana y el mástil
el surtidor y el círculo.

Has desatado
el nudo sin fin de la batalla
y nadas en la otra orilla del combate.

Ya conoces la tercera ribera de las islas.
Ya comprendes el sentido de las rayas del tigre.

Estás en posesión
de toda la música y de todo el silencio.
Y los demás, nos temen.
(Jorge Arbeleche. Alfa y Omega.
Prólogo de Washington Benavides.
Montevideo, Banda Oriental, 1996)