viernes, 19 de diciembre de 2008

Y nunca se apaga


La que amo duerme lejos, en otro país,
en otro mundo,
aunque su cuerpo al lado me acompaña.
Cierra los ojos y desaparece,
se va, la noche me la niega,
no hay aviones que lleguen a donde se dirige,
ninguna palabra me borra su silencio.
La que amo ya no se ve en el horizonte,
palpo sus manos, sus pies y no la alcanzo,
cruza la sombra y se me pierde...
Su cuerpo está conmigo pero adentro no hay nadie,
es una casa sola,
una casa olvidada, desierta,
y no obstante en el fondo, si me asomo,
una llama dorada titila
y nunca se apaga.
(Tamara de Lempicka. La durmiente. 1931.
Eugenio Montejo. "La durmiente", en Trópico
absoluto. Caracas, Fundarte, 1982)