jueves, 6 de noviembre de 2008

Presencia del otoño


Debí decir te amo.
Pero estaba el otoño haciendo señas,
clavándome sus puertas en el alma. Amada, tú, recíbelo.
Vete por él, transporta tu dulzura
por su dulzura madre.
Vete por él, por él, otoño duro,
otoño suave en quien reclino mi aire. Vete por él, amada.
No soy yo él que te ama este minuto.
Es él en mí, su invento.
Un lento asesinato de ternura.

(Juan Gelmán. El juego en que andamos.
Buenos Aires, Nueva Expresión, 1959)