viernes, 31 de octubre de 2008

En la estación más lenta

He cruzado el otoño con la única hoja / que había sobrevivido. // He atravesado a solas / una ciudad que yace sumergida / con sus muelles y sus embarcaciones, / obstinada en vivir, inconsolable, / por los canales lentos de la noche. // Acuciado por el silencio de las palabras / He salido a las calles, / A las encrucijadas; he preguntado a todos / por los cuartos secretos y las habitaciones de alquiler, / por la profundidad de los desvanes / donde los refugiados, / aturdidos también por el silencio / de esas mismas palabras, / dejan pasar las horas compartiendo / sus lámparas de fósforo y el papel crepitante, / la ceniza reciente del consuelo. // Contra un cielo apagado, sin matices, / he visto como un hombre lanzaba un juramento / en presencia de nadie / y esparcía la semilla del sueño de sus hijos / por los terrones húmedos de la misericordia. / He asumido la culpa del pájaro del alba, / de sus innumerables delaciones / y he salvado con mi palo de ciego / un puente derruido / y una caja sin puertas ni ventanas / en la que entran y salen los vencejos. / He surcado las aguas que se rompen contra los promontorios, / los ríos que sucumben en la islas. // Sin precipitaciones, / casi a paso de hombre, / he elegido el camino que recorre, uno a uno, / los símbolos de nuestra permanencia / y he cruzado la noche de nuestros pensamientos / con la luz disgregada / que nos hace imposible ser felices. // En la estación más lenta. // En los alrededores de una vida / que ha seguido arrastrando hacia nosotros, / como esos ríos que corren desbordándose, / hacia los sumideros, sus hojas descuidadas, / sus pajarillos muertos.
(Basilio Sánchez. Las estaciones lentas. Madrid, Visor, 2008; Jackson Pollock. Ritmo de otoño. Óleo sobre lienzo de 1950. MOMA, Nueva york).