viernes, 28 de noviembre de 2008

En la tierra del dolor


Dictante dolore


--¿Qué está usted haciendo ahora mismo?
--Sufriendo. (…)

La morfina. Su efecto en mí. Las náuseas, que van a más. (…)

Las pesadas capas del maquillaje del cloral. (…)

Sí, en la cima de la enfermedad nerviosa, en el peldaño supremo, su culminación: la rabia. (…)

Dolor, siempre nuevo para el que lo padece y que va pareciendo trivial a quienes lo rodean. Todos se acostumbrarán a él, menos yo. (…)

Dolor que se cuela por todas partes, en lo que veo, en lo que siento, en lo que opino; es una infiltración. (…)

Me cambia la letra… (…)

Todo huye… La oscuridad me envuelve… Adiós mujer, hijos, mi gente, cosas de mi corazón… Adiós, yo, querido yo, tan velado, tan turbio… (…)

Querría vivir bajo tierra con los topos, solo, solo. (…)

Dolor, has de serlo todo para mí. Deja que encuentre en ti todas esas tierras extranjeras que no me dejarán que visite. Sé mi filosofía, sé mi ciencia. (…)

Visión de Cristo en la cruz, por la mañana, en el Gólgota. La humanidad. Gritos. (…)

Es mucho mi desamparo y escribo llorando. (…)

Espanto. Corazón en un puño. Contacto de la vida tan dura desde que me quedé aislado en el dolor. (…)

Herida, herida de orgullo de quienes nos quieren. (…)

El antagonismo es la vida. (…)

Lo único que sé hacer es decirles a mis hijos: “¡Viva la vida!". Con estos males que me destrozan, qué duro resulta. (…)

El hotel. El cuadro de campanillas. El horario de los baños.
Soledad.
Ensombrencimiento invasor. (…)

(Las últimas palabras de Daudet según Anatole France:) Sé me ha castigado justamente por haber amado demasiado la vida.
(Alphonso Daudet. En la tierra del dolor. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Jesús Zulaika Goikoetxea. Introducción y notas de Julian Barnes. Barcelona, Alba Editores, 2003)