jueves, 2 de octubre de 2008

Sergio Corazzini (1886-1907)


I
¿Por qué me llamas poeta? / Yo no soy un poeta. / Yo no soy más que un pequeño niño que llora. / Ves: no tengo ya más lágrimas para ofrecer al silencio. / ¿Por qué me llamas poeta?
II
Mis tristezas son pobres tristezas comunes. / Mis alegrías han sido sencillas, / tan sencillas que si yo te las confiara, te ruborizarían. / Hoy pienso en morir.
III
Quiero morir, simplemente, porque estoy cansado; / solamente porque los grandes ángeles / de las vidrieras de las catedrales / me hacen temblar de amor y de angustia; / solamente porque yo ya soy / resignado como un pobre espejo melancólico. / Ves que yo no soy un poeta: / soy un niño triste que quiere morir. /
IV
¡Oh, no te maravilles de mi tristeza! / Y no me preguntes. / Yo no sabría decirte sino palabras tan vanas, / Dios mío, tan vanas / que me vendrían ganas de llorar como si fuese a morir. / Mis lágrimas parecerían / como un rosario de tristeza que se desgrana / ante mi alma siete veces doliente, / pero yo no seré un poeta. / Seré, simplemente, un niño dulce y pensativo / que se viese obligado a orar como quien canta o duerme.
V
Yo me comunico a diario, recibo el silencio como si fuese Jesús / y los sacerdotes del silencio fuesen los rumores, / porque sin ellos yo no habría buscado y encontrado a Dios.
VI
Esta noche he dormido con las manos juntas. / Y me ha parecido que yo era un pequeño y dulce niño / por todos los humanos olvidado, / pobre y tierna presa para el primero que llegue. / Y desearía ser vendido, / ser golpeado, / ser obligado a ayunar / para ponerme a llorar completamente solo, / desesperadamente triste, / en un rincón oscuro.
VII
Amo la vida sencilla de las cosas. / ¡Cuántas pasiones vi deshojarse, poco a poco, / con cada cosa que se alejaba! / Pero tú no me comprendes y sonríes. / Y piensas que estoy enfermo.
VIII
¡Oh, estoy verdaderamente enfermo! / Y muero un poco cada día. / Ves: como las cosas. / No soy, pues, un poeta: / ¡sé que para ser llamado poeta es preciso / vivir otro tipo de vida! / Yo no sé, Dios mío, sino morir. / Amén.
(Antología esencial de la poesía italiana.
Edición, y traducción --no de todos los poemas--,
de Antonio Colinas. Madrid, Espasa Calpe, 1999).