miércoles, 4 de junio de 2008

Creo que Christopher John Francis Boone sería un astronauta buenísimo


Creo que sería un astronauta muy bueno.

Para ser un buen astronauta tienes que ser inteligente y yo soy inteligente. También tienes que entender cómo funcionan las máquinas y yo soy bueno a la hora de entender cómo funcionan las máquinas. También te tiene que gustar estar solo en una minúscula nave espacial a miles y miles de kilómetros de la superficie de la Tierra sin que te entre pánico o claustrofobia o tengas añoranza o te vuelvas loco. Y a mí me gustan de verdad los espacios pequeños, siempre y cuando no haya nadie en ellos conmigo. A veces, cuando quiero estar solo, me meto en el armario del tendedero que hay al lado del cuarto de baño y me deslizo junto al calentador y cierro la puerta detrás de mí y me paso horas allí sentado, pensando, y eso me hace sentir muy tranquilo.


Así que yo tendría que ser un astronauta en solitario, o tener mi propia parte de la nave espacial en la que nadie más pudiese entrar.


No hay cosas amarillas o marrones en una nave espacial, así que eso también estaría bien.


Tendría que hablar con otras personas del Centro de Control, pero lo haríamos a través de una conexión de radio y un monitor de televisión, o sea que no sería como hablar con desconocidos, sino como jugar a un juego de ordenador.


No sentiría ninguna añoranza, porque estaría rodeado de montones de las cosas que me gustan, máquinas y ordenadores y el espacio exterior. Y podría mirar a través de una ventanita de la nave espacial y saber que no hay nadie cerca de mí en miles y miles de kilómetros, que es lo que a veces me imagino que me pasa en las noches de verano, cuando me tumbo en el jardín y miro al cielo y me pongo las manos a los lados de la cara para no ver la valla y la chimenea y el hilo de tender y puedo hacer como que estoy en el espacio.


Todo lo que vería serían estrellas. Las estrellas son los sitios en que las moléculas de las que está hecha la vida se crearon billones de años atrás. Por ejemplo, el hierro de tu sangre, que impide que estés anémico, se creó en una estrella.


Me gustaría poder llevarme a
Toby conmigo al espacio, y puede que me lo permitieran porque a veces se llevan animales al espacio para los experimentos, o sea que si se me ocurriera un buen experimento con una rata que no le hiciera daño a la rata, podría pedir que me dejaran llevar a Toby.

Pero si no me dejaran iría igualmente porque sería un Sueño Hecho Realidad.

(Mark Haddon. El curioso incidente del perro a medianoche. 
Traducción de Patricia Antón. Barcelona, Salamandra, 2004).