Señor, llévame
pronto.
Aunque sea en BlaBlaCar.
Yo sé que tu pelo huele a marzo o a abril,
aunque nunca haya estado tan cerca de ti.
A través de las palabras sueño contigo.
A través de los sueños sólo pienso en ti.
A José Miguel López Gutiérrez, Migueli
Viene la
noche con su tiniebla.
Viene la
noche con sus fantasmas.
Viene la
noche tan sola y callada.
Viene la
noche loca y en llamas.
Viene la
noche conmigo y sin ti.
Viene la
noche con sus promesas.
Viene la
noche poblada de estrellas.
Viene la
noche de los amantes.
Viene la
noche que está por venir.
Viene la
noche con sus tulipas blancas.
Viene la
noche que no te hará caso.
Viene la
noche que no dirá nada.
Viene la
noche y su negritud.
Viene la noche contigo y sin tregua.
Viene la
noche enlutada y malva.
Viene la
noche de los suicidas.
Viene la
noche doliente y sin fin.
Viene la
noche oscura del alma.
Viene la
noche que no tiene cara.
Viene la
noche y te quiero mucho.
Viene la
noche vestida de azul.
Viene la
noche sin esperanzas.
Viene la
noche pálida y asonantada.
Viene la
noche con armas blancas.
Viene la
noche que no verá el alba.
Viene la
noche que te verá morir.
Viene la noche
y no quiere nada.
Viena la
noche y está enamorada.
Viene la noche y un sesgo de luz.
(FN)
Amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan las alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen,
(Octavio Paz. Piedra de sol. México, FCE, 1957)
En castellano, como en las demás lenguas románicas, contamos
con el denominado “plural expresivo”, una figura lingüística que denota énfasis
y cortesía; que tiene, por tanto, un valor más cualitativo que cuantitativo, y
que a veces, porque queremos o por lo que sea, puede expresar pura felicidad. Comunica
anhelos y sentimientos; puede mejorar nuestras vidas, e incluso les diría, si
me apuran y me lo permiten, que hasta nos dota de una cierta profundidad. Decimos
“muchas gracias” y no “mucha gracia”; decimos “saludos cordiales” y no “saludo
cordial”; decimos “felices fiestas” y no “feliz fiesta”, decimos “felicidades”
y no “felicidad”. Solemos “hacer las paces” con cierta frecuencia (menos mal); algunos
se atreven a “cambiar de aires”, y a otros, mientras cambiamos de aires, nos da
tiempo a quedar con los amigos para ver “los mundiales”, y nunca para ver "el
mundial". Los más afortunados celebran “las bodas de oro”; los menos afortunados
escuchan “mis más sinceras condolencias” cuando les ha abandonado la felicidad… Por
favor, volvamos a darnos los “buenos días”, las “buenas tardes”, las “buenas
noches”. Querámonos y respetémonos un poquito más. “Muchas gracias”. “Saludos
cordiales”. “Buenas noches”.
[El motivo primero de este texto es que me resultan inapropiadas –no me extenderé sobre los porqués- expresiones tales “buen día”, “buena tarde” o “buena noche”]