Es una de mis canciones favoritas de siempre, y no sé por
qué, la verdad. Es tan simple: a primera vista pareciera que no tiene nada de
especial; parece, incluso, que está como desafinada o desajustada; parece, en
fin, que está mal hecha. Pero en su simpleza y sencillez, y en esa torpe
delicadeza que parece que está todo el tiempo a punto de desmoronarse; a punto de
dejarse caer y de perderse para siempre en la tristeza y el olvido; ahí, y solo
ahí, están su perfección y su belleza.
[Lou Reed dedicó esta canción a su primer amor, cuyos ojos
no eran pálidos ni azules sino del color de las avellanas]
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