jueves, 2 de marzo de 2017

Alguien sueña (Tres poemas de Francisco Ruiz Udiel)


ALGUIEN ME VE LLORAR EN UN SUEÑO

Mi soledad va hacia ninguna parte
manoseada por máscaras y gestos
mi soledad es mi madre impresa en un puñal
su cuerpo desnudo en un pasillo
la sien desbaratada de mi hermano
y el arma letal contra su locura mi amigo
lanzándose desde una torre
su cuerpo que pesa desplomado en la tierra
sus zapatos rotos por el viento
y escarbados de dolor.

Mi soledad es la espalda de mis amigos
cuando busqué partir hacia otra orilla
las jeringas en mis brazos sobre una helada camilla
los parches sobre mi pecho morado
mis ojos vacíos y perdidos en un taxi
a las cinco de la madrugada
la cerveza que dejó alguien a medio beber
y la mano enterrada en su blanco sepulcro
¿Te acordás Misael?
A mi soledad la perforan voces
y ruidos de huesos masticados por un niño
mi soledad es una lágrima cayendo al abismo
la cara de horror multiplicada por alguien
alguien que me ve llorar en un sueño.

ALGUIEN TEME DESPERTARTE

Temo despertarte
pues andás sonámbula en mis sueños
y hacerlo sería prolongar tus ojos,
tu imagen de sórdidos pies,
tus piernas abriéndose
como una libre avenida mojada.

Temo además que girés
el rostro de ángel inmortal para verte
frente a un espejo que duerme,
mas no temo mi oscuridad hurgada por tus manos,
tampoco que tus ojos queden blancos de amor,
ni que con uña enterradas sobre mi cabeza
me crucifique tu sexo.  

Temo despertarte,
pero más abrir los ojos
y ver cómo el sueño camina con sus manos
hacia adelante, hacia vos
hacia todas partes.

DEJA LA PUERTA ABIERTA

A Claribel Alegría, Su Majestad

Deja la puerta abierta.
Que tus palabras entren
como un arco tejido por cipreses,
un poco más livianos
que la ineludible vida.
Lejos está el puerto
donde los barcos de ébano
reposan con tristeza.
Poco me importa llegar a ellos,
pues largo es el abrazo con la noche
y corta la esperanza con la tierra.
Donde quiera que vaya
el mar me arroja a cualquier parte,
otro amanecer donde la imaginación
ya no puede convertir el lodo
en vasijas para almacenar recuerdos.
Me canso, de despertar,
la luz me hiere cuando ver no quiero.

El viaje a Ítaca nada me ofrece.

Si hubiera al menos un poco de vino
para embriagar los días que nos quedan
          embriagar los días que nos quedan
                                         que nos quedan.

(Francisco Ruiz Udiel. Poesía completa. Prólogo de Sergio Ramírez. Epílogo de Ulises Juárez Polanco. Granada, Valparaíso Ediciones, col. Poesía, 10, 2012)

En una ciudad en cuyo centro
carece de luz un faro,
a la poesía le corresponde imaginar el mar.