viernes, 6 de mayo de 2016

Fragmentos de un diario (notas para una posible poética), seis


Poesía y lenguaje

               —Ya te tengo dicho antes de agora muchas veces, 
Sancho —dijo don Quijote—, que eres muy grande hablador y que, 
aunque de ingenio boto, muchas veces despuntas de agudo…
(Primera Parte. Capítulo XX)

VII

Contra las convenciones, contra la arbitrariedad

I

La poesía, como otrora el habla popular, demuestra hasta qué punto los fenómenos lingüísticos, con singular disposición en su nivel léxico-semántico, son enteramente convencionales y arbitrarios. No es, por ejemplo, ni pura ni impura la sinonimia: simplemente no es.

II

Sabemos que el significado de las palabras, cuya naturaleza suma lo que nos cerca y nos asume, en modo alguno permanece a ras de lo estrictamente semántico. Tampoco de lo pragmático: el lenguaje va más allá de lo contingente.

III

De hecho, si bien el lenguaje es una condición sine qua non de la comunicación más plenaria, ésta puede darse sin necesidad de lenguaje (verbal). Dicho de otro modo, y como bien puede apreciarse en poesía, el lenguaje se sitúa en un más allá, o en un más acá (el camino que va y viene, como el que sube y baja, es uno y el mismo), de la comunicación.

IV

No hemos lenguaje para comunicarnos, si no que nos comunicamos a pesar del lenguaje. 

Más aún: trampeamos cuando equiparamos, confundiéndolos, lenguaje y comunicación.

(…)