miércoles, 20 de abril de 2016

Las rubáiyátas de Félix Grande/ Horacio Martín


El cuerpo es inmortal porque es mortal.
(Octavio Paz)

Tú eres el lenguaje profundo
Contigo todo tiene nombre
(Félix Grande)

Mudo que rompe a hablar

He querido expresarme
Toda mi vida he querido expresarme.
No tengo otro destino, otro afán, otra ley.

Fui actos sucesivos
y el olvido que destilaban
los corroía a ellos y a mí.

Sobre los actos fui palabras
y ellas buscaban una lumbre
que no me calentaba a mí.

Palabras y actos juntos
nada son sin placer del cuerpo.

Ahora regreso de esa vida umbría
buscando siempre calor de mujer.
Palabras y actos sólo allí me expresan.

Tu piel junto a mi piel, eso es lenguaje.

Todo cuanto pretenda enmudecerlo
maldito sea.

Vivir a cara o cruz

Carezca yo de ti
y al infortunio suceda la desgracia
y a la desgracia el cataclismo
y a todo ello asistiría
con el desinterés de un muerto.

Estés conmigo tú
y por cada brizna de dicha
que pretendan arrebatarnos
avanzarían desde mi corazón
espléndidos ejércitos de odio.

Tú puedes ser la espalda atroz de mi destino
o mi patria de carne.

Parábola

No hay amores malditos

Hay podre    leyes    usos
error    espanto    astucia
impotencias    normas    mentira
angustia    doma    compraventa
cobardía y calamidad

No hay amores malditos

Elogio de lo irreparable

Sé involuntaria. Sé febril. Olvida
sobre la cama hasta tu propio idioma.
No pidas. No preguntes. Arrebata y exige.
Sé una perra. Sé una alimaña.

Resuella busca abrasa brama gime.
Atérrate, mete la mano en el abismo.
Remueve tu deseo como una herida fresca.
Piensa o musita o grita «¡Venganza!»

Sé una perdida, mi amor, una perdida.

En el amor no existe
lo verdadero sin lo irreparable.

Ensucian el lenguaje

Se les llena la boca de la palabra Juntos,
aprenden a decir Amor mío
como quien dobla cuidadoso un traje
o limpia el cepillo de dientes

Las bocas, las gargantas de su piel
se ahogan en un océano al que llaman Cariño:
un mar conservador y poderoso
como una tiranía

Antaño amantes con mano de tizón
se degradan hasta tibios esposos,
llegan a amarse como hermanos;
como parientes, como conocidos
Extraño incesto, extraño incesto

Llámanle Convivir a esa desgracia, Loba:
ensucian al lenguaje, al amor, a la vida

Primero nos trague la tierra

Infalibles, inmóviles, parlantes

Cien veces estuvieron a un paso
de persuadirme en su miseria.
Quédate –susurraban--, si delinques
te aplastará la soledad;
cuando tu juventud sea consumida
sólo tendrás las esquinas del mundo
y la noche con ratas y pobreza;
mas si te quedas serás agasajado
y nadie sufrirá por tu causa.
Quédate aquí. La ley cobija.

(Hablan bien estos miserables.)

Por entre la infección de sus salivas
cien veces mi vida y mi fiebre
y mi corazón emergieron
comiendo pan de rabia y orgullo
y pronunciando un no espantoso.

Tal vez soy inmortal.

Elogio de las bestias

¿Sabías que hay bestias mansas y leales
que cuando pierden su pareja
husmean el viento con hocico furioso
atacan braman reflexionan
se niegan a comer    y giran    y enloquecen?

(Félix Grande. Las rubáiyátas de Horacio Martín. Barcelona, Lumen, 1978. Estos poemas se leen igualmente en una edición, que amplía y actualiza aquellas otras ediciones y reediciones de Seix Barral y Anthropos de 1971, 1977, 1986 y 1989, de su poesía reunida en “Biografía (1958-2010)”, Barcelona, Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores, 2011. Imagen: El poeta, fotografiado por Ceferino López en 2008)