lunes, 18 de enero de 2016

Una conversación solitaria (Cuatro poemas de Miguel Casado)


No acabo de entender
esta escritura: fluye
como una conversación solitaria…
(Miguel Casado)

I

Tendido a oscuras, con las ventanas
abiertas, respira la brisa
de los árboles, ve la sombra
más negra que la habitación
de las ramas del moral, y la extraña
luz que se difunde en el cielo.
Luz de la noche,
equilibrio de verdad y mentira,
corriente sin manantial. Oye
el leve goteo del agua en la acequia,
tan raro desde hace años.
Oye lo que sabe y no sabe
resuena en sus tendones. Luz
de la noche, no sabe si queda tiempo.

II

Ya no escoge la mesa más luminosa
o más caldeada, sino la que tiene
en torno más espacio, aquella
en que de espaldas se aísla. Pone
el tabaco sobre la mesa, el teléfono
móvil, el periódico, la taza
de café: conoce su geometría,
izquierda o derecha, las leyes
de la distancia, de la necesidad.

III

Vengo de un país que tiene
su corazón en ruinas, anoto
mentalmente las casas hundidas,
las placas que conmemoran
lo que no hay. No vuela la avutarda,
y alguien ordenó cubrir
con una capa de hormigón el pequeño
cementerio en un lado del claustro,
sus losas silenciosas. Caso de higiene, dijo,
y era el hilo de la vida y la muerte,
solo el verde intenso del campo
atravesó los siglos. Tampoco los nombres
se recuerdan de quienes decidían
los derribos. Una tradición
en ruinas, a cencerros tapados,
anoto los que no fueron dóciles.

IV

Autorretrato ante el espejo
del hombre flaco
y ya mayor, impreciso
de formas,
completamente
cano. Pudo pintar
la miopía mirándose con esos ojos
hundidos y velados, con esos
ojos de no ver, toda la vida
mirando y sintiendo
el sentimiento de la vista.

(Miguel Casado, El sentimiento de la vista
Barcelona, Tusquets, col. Nuevos Textos Sagrados, 292, 2015)