miércoles, 23 de septiembre de 2015

El arte de desaparecer (VII)


En estos mundos en los que triunfa el culto de los ideales, de universales generadores de mitologías --totalitarias o democráticas--, el individuo pasa por ser una cantidad despreciable. Únicamente se lo tolera y celebra cuando pone su existencia al servicio de la causa que lo supera y a la que todos rinden culto. El Sacerdote, el Ministro, el Militante, el Revolucionario, el Funcionario, el Soldado, el Capitalista, todos brillan como auxiliares de estas divinidades que producen el consenso de la mayoría. ¿Dónde están las individualidades solares y solitarias, mágicas y magníficas? ¿Qué se ha hecho de las radiantes excepciones en las que se encarna hasta la incandescencia esta conciencia que no se disuelve bajo la opresión? ¿Qué pasa con los cometas que atraviesan el cielo solitarios y soberbios antes de desaparecer en la noche?

(Michel Onfray. Política del rebelde. Tratado de resistencia e insumisión. Traducción de Marco Aurelio Galmarini. Barcelona, Anagrama, 2011)