sábado, 31 de enero de 2015

El comienzo de la llamarada


Bienaventurado el que lee.
Apocalipsis 1: 3

A lo que me he estado encaminando todo el tiempo es a la noción de la capacidad literaria humana. En esa gran polémica con los muertos vivos que llamamos lectura, nuestro papel no es pasivo. Cuando es algo más que fantaseo o un apetito indiferente emanado del tedio, la lectura es un modo de acción. Conjuramos la presencia, la voz del libro. Le permitimos la entrada, aunque no sin cautela, a nuestra más honda intimidad. Un gran poema, una novela clásica nos asedian; asaltan y ocupan las fortalezas de nuestra conciencia. Ejercen un extraño, contundente señorío sobre nuestra imaginación y nuestros deseos, sobre nuestras ambiciones y nuestros sueños más secretos. Los hombres que queman libros saben lo que hacen. El artista es la fuerza incontrolable: ningún ojo occidental, después de Van Gogh, puede mirar un ciprés sin advertir en él el comienzo de la llamarada.

(George Steiner. Lenguaje y Silencio. Traducción de Miguel Ultorio, Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar. Gedisa, Barcelona, 2003. Imagen: Una librería durante el Blitz --llamarada o relámpago— que asoló Londres entre el 7 de septiembre de 1940 y el 16 de mayo de 1941. Otra llamarada –ese muchacho guarda el secreto— fue la que resistió y venció)