martes, 12 de agosto de 2014

La muerte fría


No poder dudar ya, ser incapaz incluso de participar en la parte oscura de la fe: este es, y sólo él, el estado pleno de la falta de gracia, el estado de la muerte fría, en el que incluso se ha perdido ya el olor pútrido, ese último aliento oscuro de la vida.

(Ernst Jünger. Un corazón aventurero. Figuras y caprichos. Barcelona, Tusquets, 2003. Traducción de Enrique Ocaña. Leído en Jacobo Muñoz, “Sólo un dios puede salvarnos”, en Juan Manuel Navarro Cordón y Ramón Rodríguez (compiladores), Heidegger o el final de la filosofía. Madrid, Editorial Complutense, 1993)