sábado, 30 de noviembre de 2013

Chanson du désir


Pienso en la flor que se abre en mi cuerpo.
BLANCA VARELA

Transforma-se o amador na cousa amada.
LUIS DE CAMOES

(Prólogo)

No

había escrito
nunca
un poema de amor. Un asco
por nombrar
lo que es respiración. Morada. Ésta
como saturación de piel y éste
como vivir en otro
dentro de uno mismo
(lo que era
interior
expuesto ante la luz).
Encomendarse al símil
para aquello que sabes
nunca
ha tenido palabras
(nunca
ha tenido palabras).

I

El lugar donde estás no tiene
aristas. Allí donde comienza comienza
el precipicio
donde no tú
no yo. Éste es el espacio
de la necesidad
o por mejor decir
la piedra y la cadena confundidas
en que la esclavitud. El origen
del gozo y el origen
del miedo
–su breve luz
haciendo inmaterial—
pues nada
sino esto
nos sujeta a la tierra.

II

Éste era el sentido
de la profanación
éste el sabor de lo que tanto tiempo
habías masticado.
No hacerse
sino
deshacerse.
No hablar
sino callar.
El que espera.
El que recibe.
Besa primero el huésped y le brinda
un espacio
ofrece
pero no
violenta no atosiga.
Para desmoronarte
así
le habías construido
–sólo
lo inflexible se rompe--.
Ahora desaprendes la trampa
del lenguaje.
Lo que dice
tu cuerpo no tiene
boca.

III

El desorden trabaja como crece una herida
hacia
adentro y hacia
afuera.
El deseo es lo mudo.
En lo mudo fermenta lo que
descuartiza un cerebro.
Un extraño jardín un extraño mercado.
En el borde del cráter alguien
canta
y su canto remueve la pólvora.

IV

Donde comienzo yo comienzas
tú. Ésta es la ceremonia
del error
la brecha
del desastre.
si al menos existieran un punto de partida y un punto
de llegada. Si no fuéramos
móviles

si
pudiéramos fundar alguna cosa

si

rompernos
limpiamente
contra el otro.

(Ada Salas. Limbo y otros poemas.
Valencia, Pre-Textos, 2013).