jueves, 29 de agosto de 2013

Lluvia



Una mañana, mientras descansaba entre las paredes de una vieja casa para peones camineros, escuchó el tamborileo de la lluvia sobre la chapa caída. Bajo el dintel desportillado asistió al insólito espectáculo que se desarrollaba sobre la Tierra. El cielo repleto de nubes grises en medio de la mañana y una luz transparente que perfilaba los objetos, otorgándoles una nitidez que no recordaba. Las gotas gruesas que se partían contra el suelo polvoriento y que no penetraban en él. Entró en la casa y salió de nuevo con la orza bajo el brazo. Caminó unos metros frente a la fachada y dejó el recipiente en el suelo. Luego volvió a la puerta y allí permaneció mientras duró la lluvia, mirando cómo Dios afloja por un rato las tuercas de su tormento.

(Jesús Carrasco. Intemperie.
Barcelona, Seix Barral, 2013)