miércoles, 26 de junio de 2013

Sus ojos siempre puros



Días de lentitud, días de lluvia,
días de espejos rotos y de cúspides perdidas,
días de párpados cerrados al horizonte de los mares,
de horas parecidas, días de cautividad.
Mi espíritu, que brillaba aun sobre las hojas
y las flores, mi espíritu está desnudo como el amor,
la olvidada aurora le hace bajar la cabeza
y contemplar su cuerpo obediente y vacío.
Sin embargo, he visto los más bellos ojos del mundo,
dioses de plata con zafiros en sus manos,
verdaderos dioses, pájaros en la tierra
y en el agua, los he visto.
Sus alas son las mías, nada existe
sino su vuelo que azota mi miseria,
su velo de estrella y luz,
su vuelo de tierra, su vuelo de piedra
en las olas de sus alas,
mi pensamiento sostenido por la vida y la muerte.

(Paul Éluard. Capital del dolor.
Traducción de Eduardo Bustos, Madrid, Visor, 1997.
Anna Magnani en la imagen)