jueves, 16 de agosto de 2012

Sherlock Holmes (a lo yonqui)


Sherlock Holmes cogió su botella del ángulo de la chimenea, y su jeringuilla hipodérmica de su fino estuchete de tafilete. Insertó con sus dedos largos, blancos, nerviosos, la delicada aguja, y se remangó el puño izquierdo de su camisa. Sus ojos se posaron pensativos por breves momentos en el musculoso antebrazo y en la muñeca, cubiertos ambos de puntitos y cicatrices de las innumerables punciones. Por último, hundió en la carne la punta afilada, presionó hacia abajo el émbolo y se dejó caer hacia atrás, hundiéndose en el sillón forrado de terciopelo y exhalando un largo suspiro de satisfacción.

(Arthur Conan Doyle. El signo de los cuatro.
Traducción de Amando Lázaro Ros. Madrid. Diario El País, 2004).

(El Dr. Watson al habla:) Es un detective privado alto, delgado, frío, irónico, ingenioso e intelectualmente inquieto. No es muy ordenado en la rutina cotidiana, es muy habilidoso disfrazándose, fuma en pipa, toca el violín, es un experto apicultor, excelente boxeador, tiene un gran conocimiento científico, en especial en química, y, cuando se aburre por falta de los retos intelectuales que suponen sus casos, consume cocaína y morfina.