jueves, 3 de noviembre de 2011

Siete poemas marroquíes

A la memoria de nuestro amigo Ahmed

Pasos


A Vicente y Fouad
 
El primer paso
es siempre el amor.
Todos los pasos
que damos después
escalan la memoria
saludando a los que pasan,
estrechando la mano
de los pasos que hemos dado.
Nadie es forastero aquí,
aquí nadie es extraño.
Todos somos hermanos
venidos para celebrar
la pureza del agua,
que fluye hacia el infinito
entre nuestras manos;
la de la tierra y el cielo.
La pureza del alma,
la pureza del fuego.

(Después de una lectura abrileña de Mohammed Bennis
en el Centro Cultural Andalussi de Assilah,, 2 de abril de 2010)

Lixus


A Abdelatif y Abdella

Algunos días, al caer sobre los esteros,
las primeras luces de la mañana
proyectan sobre esta ribera
imágenes del Jardín de las Hespérides.

Yo he visto,
durante breves instantes,
aparecer y desaparecer en mi mano
una manzana de oro.

Yo he visto,
antes de sumergirse en el océano,
a un dragón de cien cabezas
caminar sobre las aguas.

(Al pie de las ruinas de la ciudad –fenicia, cartaginesa, romana-- de Lixus (marzo - abril de 2010). En primer término, contemplo la orilla izquierda del estuario del río Lucus y su desembocadura en el litoral atlántico. Al fondo –la deseo tanto como a mi Ítaca-- la ciudad de Larache)

Jardín


A Alfonso, César, Ramón y Dani.
A César Peces, in memoriam.


El invierno arrasó el jardín.
Bajo la nieve hallé la tristeza
que con paciencia tornaron en serenidad
de la desesperación las delicadas manos.
Ella inventó colores en mi paleta
y me dio la luz que encendió algún árbol.
Ella me regresó el don de mirar.
Cielo abierto es mi jardín.

(Marrakech, febrero de 2010 – mayo de 2011)

Palacio 


A Paloma, Pedro, Pablo y Pedro Pablo


Éxito o fracaso, da igual.
En el desolado reino de la pérdida
imaginé la llave que me abrió la puerta
que conducía a la humilde casa
de los encuentros,
el más resplandeciente palacio
--para quien sabe mirar—
de un no soñado imperio.

(En una escuela coránica de Tánger, 21 de abril de 2010)

Esta luz


A Larbi y Mohamed

Toda esta luz hubiera sido
como un puñado de sal en la herida.
Aunque pueda tocarlo, acariciarlo casi,
esta mañana no quiero saber
en qué consiste el misterio de estar vivo,
el sereno milagro de la vida.

(Faro del Cabo Espartel de Tánger —marzo-mayo de 2010--,
un lugar al que regresaré siempre. Al que siempre regreso).

Sentado

I


A Rosi y Elena


Sobre la madera,
entibiada por la caricia del sol
y mi propio peso,
me he sentado para no tener tiempo.

Para no tener miedo.

Pensaría en los amigos ausentes,
mas huele el mediodía
a pan recién horneado.

No tengo pensamientos,
tímidas impresiones que el viento
deposita, apacible y ocioso,
a la vista sobre mis manos.
No tengo pensamientos,
ni tiempo de pensar en mí.
No tengo tiempo de creer
en nada que no sea este fluir
en torno mío y soleado
que va de niño en niño
como una pelota azul
y blanca y roja,
en mágico rodar
el plástico impertinente.

Los niños
tampoco tienen tiempo de pensar,
son tiempo. Para pensar,
por ejemplo, en la infancia.
Simplemente son y no han sido.

Simplemente están, no estuvieron
cuando las noches de invierno
recorrieron este lugar
enseñando las garras
y los colmillos
ensangrentados
de pensamientos,
de sucia luz,
de niebla.

(La Vega toledana, 23 de marzo de 2005 –
Un colegio público de Casablanca, 21 de mayo de 2010)

II


A Raúl y Luismi

He recorrido los pueblos,
las tierras, las ciudades,
habitado los templos
(pequeñas, grandes mezquitas,
iglesias humildes, catedrales,
cuevas con luna, incendiadas
pagodas, basílicas y ermitas,
claustros, pórticos soleados,
colegiatas, conventos, mil capillas,
la sinagoga donde un sábado
al entrar en tus ojos
me diste el amor
que durante toda la semana
para ofrendárselo a Dios
tan primorosamente habías guardado,
monasterios sin memoria,
catacumbas con altares,
ancestrales santuarios)
en los que he aprendido
que todo lugar
–la sombra del árbol sobre la piedra
en la que para escribir me he sentado—
es sagrado:
la piedra,
el árbol y su sombra,
yo mismo, escribir.
Caminar, sentirme así.
(El recuerdo de tus ojos).
Estar sentado.

(En la Gran Mezquita Hassan II de Casablanca, mayo de 2010)